La compra de Wong
Sunday, 30 December 2007

Polémica causó el anuncio de compra de la totalidad de acciones de la cadena de supermercados e hipermercados del grupo empresarial familiar Wong por parte del consorcio Centros Comerciales de Sudamérica (CENCOSUD), de capitales chilenos. Ya que este suceso despertó el nefasto anti-chilenismo tan arraigado en la sociedad peruana, se requiere de un sesudo análisis para comprender sus implicancias.
En primer lugar, el grupo Wong ha realizado algo muy común en el mundo de los negocios: una fusión. Los hermanos Wong adquirieron parte del accionariado de CENCOSUD pagando con sus tiendas. Tal parece que necesitaban una fuerte inyección de capitales de un socio y CENCOSUD ofreció una mejor oferta que el consorcio Casino, de capitales franceses, y que el consorcio italo-chileno Saga Falabella. El ganador tiene ya presencia en Colombia, Brasil, Argentina, Bolivia y Paraguay. Entonces, ¿por qué la alarma?, ¿hubiéramos saltado de los asientos si Casino y no CENCOSUD hubiera ganado? ¿Quiénes somos nosotros y la prensa (cuándo no, sensacionalista) para decirle a los hermanos Wong qué hacer con sus negocios?
Ahora resulta que la venta del grupo Wong es un atentado contra los bienes nacionales, peor que el robo de piezas de arte. Jamás supe que alguien hubiera convertido a esa empresa privada en patrimonio cultural de la nación. A diferencia de algunos, no creo que el grupo Wong esté custodiado por la Superintendencia de Bienes Nacionales. Tampoco el Perú deja de ser menos “peruano” porque un grupo nacional ahora forme parte de un consorcio multinacional, con predominancia de capitales chilenos. ¿No está la peruanidad en nuestros valores, nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestra historia o nuestra gente?. Pobres quienes piensan que está en un licor, un platillo o unas tiendas.
“¡Son demasiadas inversiones chilenas!”, dirá alguien. ¿Qué importa?: los inversionistas chilenos, como cualquier inversionista extranjero, ven en el Perú una oportunidad de negocios y la toman. Esa decisión se refleja en mayores capitales, nuevas empresas y más empleos. Las reglas del mercado no tienen nacionalidad ni patria. Al final, quien decidirá si la inversión fue buena o mala es el usuario o consumidor peruano, no el gobierno chileno. A todo inversionista extranjero le importa un rábano la demagogia o el chauvinismo de los políticos de su país mientras no le mermen sus ganancias.
Por último, creer que este Chile moderno y democrático es el mismo país oligárquico y belicista que desató la guerra en 1879 es una ridiculez. También es ridículo mirar el mundo actual con la visión geopolítica del siglo XIX: la dictadura del general Juan Velasco Alvarado lo hizo y el Perú acabó más pobre y más atrasado. Si los países tienen intereses y después amigos, ¿cómo quedan nuestros “ingratos” o “traicioneros” amigos: Bolivia y Argentina?
Nota: CENCOSUD en Chile tuvo denuncias en 1995 por malas prácticas laborales. Los directorios cambian, las gerencias cambian y las políticas cambian. De no ser así, el Ministerio de Trabajo y el Poder Judicial deberán actuar.
Por Gian Carlo Orbezo Salas, columnista invitado


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