¿A dónde va Fujimori?
Tuesday, 25 December 2007
El 10 de diciembre de este año que ya se acaba empezó el llamado “megajuicio” al ex presidente Alberto Fujimori por violaciones a los derechos humanos. No es una exageración decir que lo que sucede en este juicio es seguido por medios de comunicación de todo el mundo. Cada lunes, miércoles y viernes vemos cómo es que la defensa de Fujimori intenta presentarlo como ignorante respecto de las atrocidades contra los derechos humanos que se cometieron en los casos Barrios Altos -15 personas asesinadas incluyendo un niño de 8 años- y La Cantuta -9 estudiantes y un profesor secuestrados y asesinados-. Sin embargo, ¿alguien puede creer que el autodenominado “Chinochet” no sabía nada?
El ex presidente Alberto Fujimori llegó al Perú extraditado desde Chile el 21 de setiembre del 2007, el 10 de diciembre se inició el juicio por violaciones a los derechos humanos, y 11 de diciembre recibió una primera condena por el caso del allanamiento a la casa de Trinidad Becerra, esposa del ex asesor Vladimiro Montesinos. El radical cambio de circunstancias –desde sus días de presidente, sus días en Japón y sus días en Chile- ha tenido un impacto evidente en Fujimori, quien el primer día del megajuicio por violaciones a los derechos humanos, al preguntársele si aceptaba los términos del juicio, respondió airada y exaltadamente que rechazaba los cargos. El magistrado César San Martín, presidente de la Sala Penal Especial que juzga a Fujimori, tuvo que pedirle que se calme y suspendió la sesión por una crisis de hipertensión del ex presidente. El alegato de Fujimori daba claras señales de por dónde iba a ir su defensa: “No sé”, “No conozco”, “Yo no lo ordené”.
Sin embargo, su estrategia de defensa no resulta exactamente creíble para un ex presidente que alardeaba de su capacidad de gestión y de no caer en el juego político, que asume como propios los éxitos de la lucha antisubversiva, y que se paseó sin muestras de desagrado entre cadáveres de los terroristas que tomaron la residencia del embajador japonés en 1997. Es decir, no resultaba muy difícil para cualquier peruano darse cuenta que el ex presidente Fujimori daba muestras inequívocas de encontrarse en control de la situación.
Entonces, ¿qué puede esperarse cuando Fujimori responde que no sabía del grupo Colina, que su ex asesor Vladimiro Montesinos estaba a cargo y coordinaba todos los asuntos de inteligencia, que él no leía todo lo que firmaba? ¿Cómo queda Fujimori al asegurar que él salvó al Perú, pero que al mismo tiempo intenta explicar lo ocurrido con Barrios Altos y La Cantuta con un escueto “Yo sólo impartía directivas, pero no daba órdenes”? El juicio avanza –se reanudará el miércoles 26 de diciembre- pero las imprecisiones y memoria selectiva de Fujimori se multiplican, sobre todo cuando es interrogado sobre los casos de matanzas y desapariciones forzadas.
Por lo tanto, Fujimori se presenta como un ignorante de la situación, un presidente que no tuvo control de lo que ocurría y que estaba a merced de lo que decidía su asesor, y que se habría enterado por los medios de comunicación sobre la ocurrencia de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. Pero la Fiscalía intentará probar lo que se conoce como “dominio de hecho”, es decir, quién fue el que tomó las decisiones respecto a las acciones del grupo Colina, sin importar que no haya jalado el gatillo él mismo. Esto incluye autorizar las prácticas por inacción, por no haber hecho algo para evitarlas. La edición del 13 de diciembre del 2007 de la revista Caretas sostiene que una de las pruebas que presenta el Fiscal Supremo José Peláez Bardales –de floja actuación durante el proceso, cabe resaltarlo- es el Manual de Inteligencia Militar ME 38-23. Este manual fue elaborado por Martín Rivas –líder del grupo Colina- y aprobado por Fujimori y los altos mandos militares en abril de 1991, y plantea como uno de los objetivos de los grupos de contraterrorismo “prevenir, detectar, localizar, identificar, neutralizar y/o eliminar personas que realicen actividades de terrorismo”.
Asimismo, según el mismo artículo (p. 12 de Caretas) se ha incluido dentro el proceso el video de la entrevista realizada por Umberto Jara a Rivas, donde Rivas asegura que el manual aprobaba las guerras de baja intensidad o guerras sucias, cuya existencia como parte de la “política de pacificación” ha sido negada por Fujimori. Rivas afirma en la entrevista que Fujimori tomó las decisiones al respecto junto con su comandante general Nicolás de Bari Hermoza Ríos y con Vladimiro Montesinos.
Todavía queda mucho por decir en este juicio, y probablemente seremos testigos de más reacciones airadas de Fujimori conforme las tuercas de la acusación vayan ajustándose. Hasta este momento sólo puede resaltarse el acertado desempeño del fiscal adjunto Avelino Guillén durante los interrogatorios, así como recordar que la forma en la que será recordado este juicio histórico dependerá de una actuación objetiva, imparcial y transparente del Poder Judicial.
Mariana Olcese












