Gobierno vs. SUTEP, segundo round
Friday, 6 July 2007

El conflicto pasado por la evaluación de docentes terminó con una clara victoria para el gobierno. La asistencia fue masiva, el Ministro de Educación se convirtió en uno de los más populares y el SUTEP terminó admitiendo que su negativa a la evaluación fue un error.
Seis meses después, el SUTEP inicia una huelga nacional. Esta vez, la oposición es en contra de la Ley del Magisterio. El gobierno ha reaccionado declarando la huelga ilegal y amenazando con apuntar docentes sustitutos. Sin embargo, las huelgas del SUTEP son una tradición que se remonta a 1971. Será difícil para el gobierno mantener su postura intransigente si es que la huelga es acatada por la mayoría de docentes. Un breve análisis.
La huelga nacional indefinida del SUTEP contiene varios reclamos, entre ellos la clásica demanda por mejoras salariales. Pero esta vez las animosidades se centran alrededor de la Ley de la Carrera Pública Magisterial que se viene evaluando en el Congreso. Uno de los principales propósitos de esta ley consiste en modificar los criterios para ascender en los puestos públicos.
Hasta el momento, un docente subía de nivel (y de sueldo) de acuerdo a sus tiempos de servicio. La nueva ley busca condicionar los ascensos a la calidad educativa del docente y los retos que enfrenta. Trabajar en una escuela rural bilingüe con una alta tasa de alumnos desnutridos es, en muchos sentidos, más difícil que hacerlo en una escuela limeña.
Además, la nueva ley permite despedir a los profesores que desaprueben el examen de rendimiento en tres ocasiones consecutivas.
Según las últimas noticias, la aprobación de esta ley en el Congreso sería inminente y se da por descontado que contará con el apoyo del presidente García. La centro-derecha integrada por el APRA, Unidad Nacional y la bancada fujimorista se habrían puesto de acuerdo, mientras que Unión por el Perú y el Partido Nacionalista anunciaron su oposición. La centro-derecha reúne suficientes votos en el Congreso como para aprobar la ley.
El SUTEP rechaza esta ley. Su posición no es totalmente intransigente, puesto que no se opone a la evaluación en sí ni al condicionamiento de los ascensos al mérito. Su pliego de reclamos aboga, más bien, por la continuidad de la estabilidad laboral (de modo que los maestros no puedan ser despedidos) y rechaza el “período de prueba” en cual el docente que inicia sus labores puede ser cesado si sus rendimientos no se ajustan a las expectativas.
Pero el SUTEP no sería el SUTEP si el pliego de reclamos no estuviera acompañado por reclamos ideológicos anacrónicos. En un “llamamiento” publicado en su página web, el Sindicato, cuyo lema es “¡Por La Unidad Sindical Clasista!”, sostiene la
necesidad de una Nueva República, que tenga como referente programático un Proyecto Nacional sustentado en una Nueva Carta Constitucional que rediseñe el país que queremos.
Según el mismo llamamiento, la “vieja República”, conducida por “continuismo y conservadurismo” se encuentra “agotada”.
No resulta difícil descubrir la influencia de la izquierda radical al estilo de Patria Roja detrás de esta retórica.
La ideología que se manifiesta en este tipo de expresiones no le hace un buen servicio al SUTEP.
Por un lado, contribuye a la alienación de aquellos maestros que no se identifican con la izquierda radical. De hecho, el SUTEP conoce de luchas internas y su poder representativo está en duda al menos desde su fallida oposición a la evaluación.
Por otro lado, una ideología de confrontación fundamental impide negociar punto por punto. Al poner en duda la legitimidad del Estado actual, el SUTEP se posiciona de antemano en un extremo del cual le será difícil salir cuando llegue el momento del toma y daca propio de todo acuerdo.
Además, le facilita al Estado desprestigiar al SUTEP como un grupo minoritario, anticuado y violento que se aprovecha de reclamos legítimos para justificar su ideología y paralizar al país. La toma del aeropuerto de Tacna por integrantes de SUTE regional es un ejemplo de aquella absurda desproporcionalidad que no le es precisamente útil a la hora de negociar acuerdos.
El SUTEP necesita modernizarse y ponerse al servicio de los intereses de sus maestros. El Estado, por su parte, haría bien en reconocer que los docentes cumplen una función elemental y tienen reclamos justificados que merecen ser oídos.
Lo importante es que ambos, tanto el SUTEP como el Estado, muestren voluntad de llegar a acuerdos razonables que favorezcan a los alumnos y a los maestros en vez de insistir en una posición intransigente y desafiante. La educación no se merece una lucha, sino una negociación civilizada y realista.
Por Bernd Krehoff
Presione aquí para acceder el “llamamiento” del SUTEP (en formato PDF)
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