¡Cuidado con los incorruptos!
Sunday, 19 October 2008

Los polÃticos presidenciables que utilizan los últimos escándalos de corrupción para exhibirse ante la población como santos moralizadores engañan. En el Perú hay una lección histórica: quienes llegan al poder prometiendo acabar con la corrupción en el Estado, terminan haciendo cualquier cosa menos eso que ofrecieron.
En 1931 el ex comandante Luis Miguel Sánchez Cerro llegó al poder en elecciones libres y olor a multitudes prometiendo eliminar la corrupción. Sánchez Cerro (personaje con una increÃble semejanza al ex comandante Ollanta Humala) era un feroz nacionalista y populista, de origen “cholo” y pobre, que contaba con un fuerte apoyo de sectores populares y el favor de los adinerados. PrometÃa un “nuevo comienzo”, que nunca comenzó.
El gobierno de Sánchez Cerro, que se vuelve dictadura y, después, tiranÃa, practicó el nepotismo y el amiguismo. Los hermanos del Presidente de la República fueron colocados en la administración pública: uno de ellos fue nombrado jefe de la Aduana del Callao. Los diputados oficialistas al Congreso Constituyente, una bancada mayoritaria reclutada a última hora y que incluÃa desde contrabandistas hasta ladrones confesos, recorrÃan diario los ministerios colocando a familiares y amistades.
En 1968 el general Juan Velasco Alvarado tomó el poder mediante un golpe de estado prometiendo terminar con la corrupción destapada en democracia: casos de contrabando de electrodomésticos, ropa y enseres a través de bazares militares o policiales, que implicaban a oficiales del Ejército, la Marina de Guerra y la Guardia Civil. Algunos acusados ya habÃan recibido condena o estaban siendo procesados. Sin embargo, los demás quedaron bien librados después que la dictadura de Velasco interviene la Corte Suprema de Justicia.
Años después al ex diputado Héctor Vargas Haya le fue revelada la información que Velasco sabÃa todo sobre las redes de contrabando militares y policiales y quiénes en los altos mandos estaban implicados, pero que los encubrió para no ganar opositores. La dictadura violó su Estatuto Revolucionario de 1969 (especie de mini-Constitución), en el cual jura luchar contra la corrupción, por intereses polÃticos.
Como nota curiosa, en 1991 Alberto Fujimori posó ante el lente de un fotógrafo al lado de un inodoro viejo en un pequeño baño para una entrevista en la desaparecida revista polÃtica SÃ. El fotógrafo, incluso, ganó un premio en España por la fotografÃa. En la entrevista, Fujimori prometió hacer que la corrupción se vaya por el inodoro. Por la forma en cómo acabaron sus dÃas en el poder, parece que él también se fue por el inodoro.
Quienes estudian politologÃa saben esas verdades de la corrupción que muchos peruanos ignoran: (1) La corrupción no es un fenómeno individual sino social. (2) Tampoco es problema de moralidad o civismo sino de incentivos y desincentivos. (3) La corrupción nunca desaparece, sólo se reduce dependiendo de cuán eficaz es la lucha anti-corrupción. (4) Esa lucha depende de la sociedad, no de una sola persona.
Cuidado con los incorruptos. Ya saben por qué.












