(Neo)indigenistas
Sunday, 31 August 2008

Junto al marxismo-leninismo y el populismo, la izquierda radical en el nuevo milenio ha traÃdo de vuelta el indigenismo. No es el indigenismo de hace cien años que, al menos, revaloró a los indÃgenas y produjo las maravillosas obras literarias de ilustres escritores como Ciro AlegrÃa y José MarÃa Arguedas.
No, el nuevo indigenismo es perverso, porque insiste en mantener en la pobreza y la exclusión a las minorÃas indÃgenas. Basta lo sucedido recientemente con los decretos legislativos sobre el requisito de la mitad más uno para la votación en asamblea dentro de las comunidades campesinas y nativas de la sierra y la selva para vender sus tierras comunales. La izquierda radical engañó (”¡van a vender las tierras de los indÃgenas a empresas transnacionales!”), puso en peligro el abastecimiento de electricidad y combustibles en el paÃs, manipuló a los indÃgenas selváticos como peones de ajedrez y convirtió dentro del Congreso en sus “tontos útiles” a la derecha moderada y la derecha conservadora.
¿Fue una auténtica protesta indÃgena? No, porque entre las demandas de los promotores de la protesta estaba la restitución de la Constitución de 1979: tÃpica exigencia de la izquierda radical. ¿Qué decÃa ese texto constitucional de otra época?:
Las tierras de las Comunidades Campesinas y Nativas son inembargables e imprescriptibles. También son inalienables, salvo ley fundada en el interés de la comunidad, y solicitada por una mayorÃa de los dos tercios de los miembros calificados de ésta…
Ese artÃculo de corte indigenista era absurdo: nunca están presentes todos los integrantes de las comunidades campesinas y nativas (emigran, trabajan o fallecen) para tomar esa decisión, encima habÃa que pedir a un senador o diputado que presentara el respectivo proyecto de ley. Mejor dicho, la Constitución de 1979 convertÃa a los indÃgenas en animales de zoológico. A esa disposición aspiraban regresar antes doña Eliane Karp y su INDEPA durante el gobierno de Alejandro Toledo y ahora la izquierda radical.
Al contrario, la Constitución de 1993 señala que las comunidades campesinas y nativas son autónomas “en el uso y la libre disposición de sus tierras (…) La propiedad de sus tierras es imprescriptible…”. Si realmente estos nuevos indigenistas fueran más amigos de lo indÃgena, tratarÃan a los integrantes de las comunidades campesinas y nativas de la sierra y la selva como a cualquier ciudadano con derecho a disponer de su propiedad y perseguir libremente su destino, incluso como ya lo hacen los integrantes de las comunidades campesinas de la costa.
Asà como en los Estados Unidos el descubrimiento de petróleo en las “reservas indÃgenas” a inicios del siglo XX generó a los vejados y confinados indÃgenas multimillonarios ingresos, los indÃgenas de la sierra y la selva en el Perú hubieran podido dejar la pobreza y la exclusión aprovechando el interés de empresas inmobiliarias o madereras por una parte de sus tierras comunales.
Por desgracia, nuestros indÃgenas seguirán pobres y excluidos gracias a la “indigenista” izquierda radical.














