Todo por la Revolución
Sunday, 10 August 2008
“Traidores a la patria”, “agentes de la CIA”, “pro-chilenos” o “vendidos al imperialismo”. Asà justifica la izquierda radical en el Perú no hacer o no haber hecho lo que predica.
No todos los izquierdistas radicales (la abogada y ex actriz Susel Paredes, por ejemplo), pero la mayorÃa es muy dogmática y fiel seguidora de la tradición cÃnica que la ha caracterizado desde siempre - salvo al escritor José Carlos Mariátegui, el más original y digno izquierdista.
Don Manuel Gonzáles Prada, “abuelo” de la izquierda radical, desde 1884 escondÃa tras el más rancio mensaje antichileno sus sentimientos de cobardÃa, orgullo herido y desilusión con el paÃs. Oculto en su casa durante los tres años de la ocupación militar chilena, no le dolieron los saqueos o abusos de los soldados chilenos sino haber sobrevivido a la guerra.
Los tres siguientes casos ilustran lo que digo: en 1930 tras un gran paro general y una violenta represión policial, la Junta Militar de Gobierno del comandante Luis Miguel Sánchez Cerro decretó la disolución de la primera Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), fundada por Mariátegui. La izquierda radical protestó con justa razón en defensa de la iniciativa particular y la libertad de asociación.
En 1972 la dictadura del general Juan Velasco Alvarado decretó la disolución de los viejos gremios patronales Sociedad Nacional Agraria y Asociación de Ganaderos del Perú y sin orden judicial les incautó sus bienes e inmuebles. En esa ocasión, la izquierda radical aplaudió a rabiar aquel acto barbárico que nos asemejaba a Cuba.
De otro lado, en 1978, en la Asamblea Constituyente Javier Ortiz de Zevallos, viejo lÃder de la derecha moderada, expuso los Ãndices de crecimiento económico de la CEPAL que entonces ubicaban al Perú por debajo de la pobrÃsima HaitÃ. Carlos Malpica Silva Santisteban, connotado izquierdista radical que se pasó dos décadas denunciando la pobreza, los ignoró con la excusa que lo importante fue el intento velasquista de hacer la “justicia social” en el paÃs.
Por último, en 1980 doce cubanos ingresaron violentamente a la embajada peruana en La Habana y, por negativa del embajador a echarlos, el dictador cubano Fidel Castro quitó la custodia policial a la sede provocando que después se metieran ¡once mil! La izquierda radical, que elogió seis años antes la expulsión del Perú de The Peace Corps (activistas humanitarios estadounidenses, quienes regresarÃan en 2002), se vuelve pro-cubana.
Cuando Castro culpó a los peruanos por los sucesos e insultó en acto público al general Francisco Morales Bermúdez y a su canciller Carlos GarcÃa Bedoya, la izquierda radical exige a viva voz al gobierno peruano ¡disculparse con Fidel! El APRA, el Partido Popular Cristiano y Acción Popular los respaldaron, pese a desacuerdos y diferencias, y exigieron que Castro se disculpara. Jamás lo hizo.
La izquierda radical continúa igualita: todo para sus aliados, nada a sus adversarios. Abajo la pobreza, pero no a la riqueza. No a los Estados Unidos y Chile, sà a Cuba y Venezuela. ¿Alguien la entiende?
Por Gian Carlo Orbezo Salas, columnista invitado











