Nacionalizaciones
Sunday, 15 June 2008

El jueves 29 de mayo de 2008 a la congresista nacionalista María Sumire le brotó la verdad: el Partido Nacionalista quiere llegar al poder para nacionalizar la minería, la pesquería, las telecomunicaciones, los hidrocarburos, la electricidad, etc.
Ojo, nacionalizar en el siglo XXI no es una simple declaración de propiedad pública o poder estatal en una actividad económica como decían en campaña electoral el ex comandante Ollanta Humala o el ex diputado Carlos Tapia. No, nacionalización significa lo mismo de siempre y eso lo podemos comprobar actualmente en Venezuela, Bolivia y Argentina: que el Estado tome el control de empresas quitándoselas a sus legítimos dueños.
Desde el siglo XVII las nacionalizaciones se sustentan en tres mentiras: (1) La nación a través del Estado puede quitarle su propiedad a alguien sin costo alguno. (2) Es un asunto de soberanía nacional. (3) El Estado puede administrar empresas mejor que el sector privado.
De la primera mentira puede dar fe el actual Presidente de la República. En 1985 el gobierno del APRA nacionalizó la Belco Petroleum Corporation, petrolera estadounidense que operaba en el litoral norte del país desde 1959, y creó PETROMAR. Los accionistas de la Belco fueron a un largo litigio jurídico internacional contra el Estado. Al final hubo que indemnizarlos con varios cientos de millones de dólares por violación de contratos.
En la década de 1970 la dictadura del general Juan Velasco Alvarado también tuvo que indemnizar con varios cientos de millones de dólares a propietarios y accionistas extranjeros (a sus pares peruanos, por supuesto, no les dio nada) por un centenar de empresas que nacionalizó.
Un ejemplo de la segunda mentira: en 1964 el Senado conforma una comisión para estudiar por qué la International Telephone and Telegraph (ITT), multinacional de capitales estadounidenses y dueña de la Compañía Peruana de Teléfonos (CPT) y la Compañía Nacional de Teléfonos, había expandido y modernizado poco la red de telefonía fuera de Lima y Callao faltando a sus obligaciones contractuales.
Lo que debió ser un debate serio entre renegociar un contrato de concesión monopólica con la ITT para expandir la red o llamar a licitación pública para una concesión que cubra las áreas faltantes (posteriormente adjudicada a la multinacional de capitales suecos Erickson para su subsidiaria, la Sociedad Telefónica del Sur) senadores demagogos la volvieron una encendida “lucha antiimperialista” que polarizó al país. Por eso los muchos aplausos cuando en 1969 las tres empresas fueron nacionalizadas y se creó la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL).
¿La telefonía se expandió y modernizó? No. Si tener una buena línea de teléfono bajo la ITT era un lujo (así son los monopolios privados), bajo la CPT y ENTEL se volvió una exclusividad de ricos: buen ejemplo de la tercera mentira. Lo mismo pasó con los productos o servicios de las demás empresas nacionalizadas.
Ya sabemos que el lenguaje postmoderno del Partido Nacionalista es tan premoderno como las nacionalizaciones.
Por Gian Carlo Orbezo Salas, columnista invitado
Imagen tomada de: http://www.arkivperu.com/











