Integración Latinoamérica-Europa: Entre sÃmbolos y proyectos
Saturday, 24 May 2008

La quinta cumbre entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe pasó como una estrella fugaz por Lima. No era de esperar que dos dÃas alcanzarÃan para enmendar rumbos. Una cumbre como esta reviste, sobre todo, valor simbólico. Es la hora de las declaraciones de buena voluntad y amistad, de las frases vagas y los lugares comunes.
La Declaración de Lima gira alrededor de tres ejes temáticos: la firma de acuerdos de libre asociación con la Unión Europea, la erradicación de la pobreza, y la protección del medio ambiente.
En la última crónica semanal (presione aquÃ), mi colega Ignazio De Ferrari pone de relieve los profundos desacuerdos a nivel latinoamericano en cuanto al libre comercio. Algunos paÃses piensan que el libre comercio es esencialmente malo, mientras que otros sostienen que es esencialmente bueno. Pero incluso los paÃses a favor del libre comercio están lejos de unirse económicamente. Antes que priorizar la cooperación económica regional, paÃses como Argentina, Brasil, Chile y Perú están interesados en sacar ventajas a sus vecinos en el acceso a los grandes mercados internacionales.
La Declaración de Lima es reflejo de estas fuerzas desintegradoras. La Unión Europea no negocia un acuerdo de libre asociación con América Latina. Negocia tres. Uno con América Central, otro con la Comunidad Andina, y un tercero con el Mercosur. Pero ni siquiera estos bloques constituyen actores unitarios. Las diferencias en la Comunidad Andina entre Perú y Colombia, por un lado, y Ecuador con Bolivia y Venezuela por el otro son mucho más antiguas que esta cumbre.
El aspecto pragmático de la cumbre fue, sin duda, el reconocimiento de estas diferencias. La insistencia de la Unión Europea por negociar en bloque con las alianzas regionales parecer haber cedido a favor de una negociación con velocidades distintas para cada paÃs.
Pobreza y medio ambiente son los dos otros temas de la Declaración. Aquà se evidencia el uso indiscriminado de lenguaje simbólico a falta de proyectos implementables. Abundan las referencias a los Objetivos del Milenio formulados por las Naciones Unidas. Los paÃses se “proponen alcanzar” estas metas. Muy bien. Pero, ¿cuáles son las implicancias de estos compromisos para la cooperación entre América Latina y la Unión Europea? ¿Qué podemos esperar de esta alianza interoceánica?
La Declaración habla de reforzar la cooperación existente, del intercambio de información, de la inclusión de la sociedad civil, y de eliminar “los obstáculos injustificados al comercio”. Lo último puede ser interpretado como una clara alusión a las subvenciones que la Unión Europea otorga a sus agricultores. Pero, por supuesto, la Declaración no entra en detalles.
Quizá estas vaguedades, este refugio en declaraciones de buenas intenciones no sean del todo inútiles. La historia está repleta de sÃmbolos que no tienen alcance práctico directo, pero que sirven de inspiración a generaciones. Asà como Nelson Mandela en Sudáfrica y Martin Luther King en Estados Unidos se han convertido en sÃmbolos de unidad nacional más allá de diferencias raciales, la Declaración Universal de Derechos Humanos sigue siendo paradigma y fuente de inspiración primordial para todo discurso sobre derechos fundamentales.
El problema se da, más bien, cuando estos sÃmbolos se usan para cubrir la falta de ideas, de proyectos. Los firmantes de la Declaración dicen tener “una visión nÃtida del potencial de nuestra asociación estratégica birregional”, pero las muestras de ello son más bien escasas.
Un buen ejemplo de lo mucho que se podrÃa hacer es el Fondo de Cohesión Educativa. Este fondo fue acordado en una cumbre menos espectacular. La Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación se llevó a cabo entre el 19 y el 20 de mayo en El Salvador. Ahà nació un fondo de 3 mil millones de dólares destinado a mejorar los niveles de asistencia escolar y reducir el analfabetismo en los paÃses menos desarrollados. El plan tiene metas claras (por ejemplo, lograr plena alfabetización para el año 2015) y toma en cuenta los distintos niveles de desarrollo en Latinoamérica.
Plantea objetivos básicos (que son obligatorios para todos) y objetivos avanzados para los paÃses con mejores condiciones de partida (fuente: El PaÃs de España). El Fondo de Cohesión Educativa está inspirado en los diversos fondos de la Unión Europea que, desde 1960, sirven como instrumento financiero para reducir las desigualdades económicas entre los paÃses de la región.
Son proyectos como estos los que toman en serio el valor de sÃmbolos universales como igualdad, justicia, y desarrollo humano. Sin estos proyectos, las grandes palabras seguirán flotando sobre el papel y no serán otra cosa que una burla frente a los muchos ciudadanos latinoamericanos que aun hoy no tienen esperanza de mejorar sus condiciones de vida.
Por Bernd Krehoff
Imagen tomada de: http://www.integracionycomercio.com/










