La democracia tutelada
Sunday, 18 May 2008
La función representativa
Los valedores de la democracia tutelada restan importancia a la función representativa que cumplen las autoridades elegidas a través del voto popular. El hecho de que un número alto de ciudadanos estén, posiblemente, privados de votar por potenciales candidatos que los representarÃan mejor, es secundario para ellos. Pero, ¿es que todos los adultos están realmente en condiciones de gobernarse a sà mismos?
Los argumentos expuestos en la sección anterior nos llevan a pensar que no existen razones para negarle a cualquier adulto que puede valerse por sà mismo la posibilidad de elegir y ser elegido. Como vimos, el argumento de la especialización es cuestionable (sobre eso volveremos más adelante). Vimos también que el ejercicio del gobierno implica emitir juicios de carácter ético, sobre los cuales cualquier ciudadano puede, en principio, tener una opinión formada. Finalmente, argüimos que el buen ejercicio del gobierno requiere no solamente conocimiento, sino también un sentido de incorruptibilidad y dedicación por el bien común.
Existen, por el contrario, argumentos de sobra para pensar que al negársele a ciertos ciudadanos la posibilidad de ser elegidos, se les priva en la práctica de que sus intereses sean atendidos. Si un individuo o, peor aún, un grupo social no puede participar de las decisiones del gobierno, ¿quién velará pos sus intereses? La historia nos muestra que las principales luchas sociales se han librado en nombre del acceso al gobierno. Las clases trabajadoras en el siglo XIX, los peruanos analfabetos hasta la década de 1980, las mujeres hasta el siglo XX fueron sistemáticamente excluÃdos.
La hora de los partidos polÃticos
El gobierno de un Estado requiere de altos niveles de especialización. La globalización ha hecho que esa necesidad sea aún mayor. Sólo para negociar el TLC con Estados Unidos, el Perú contó con un grupo de negociadores muy amplio especializados en diferentes áreas. La administración de un ministerio requiere igualmente de especialistas en diferentes ámbitos.
Sin embargo, la necesidad de contar con esos especialistas no puede interferir con la función representativa de las autoridades elegidas en las urnas. En ese sentido, resulta equivocado plantear que deba alcanzarse la especialización en detrimento de la representación. La existencia de un Congreso en el que todos sus miembros sean profesionales no es garantÃa de mayor calidad legislativa.
Los defensores de la democracia tutelada no toman en consideración el papel que deben desempeñar los partidos polÃticos. En vez de proponer medidas que fortalezcan a los partidos en sus funciones intermediarias, sus propuestas tienden, en la práctica, a limitar la participación polÃtica. Como ha recordado François Rambaud hace unas semanas en Perú PolÃtico, uno de los grandes problemas de la sociedad peruana es la ausencia de intermediarios entre la sociedad y el Estado. Si los partidos polÃticos peruanos lograran instalarse en el imaginario popular y se convirtieran en verdaderas organizaciones de intermediación, podrÃan proveer cuadros competentes para la administración del Estado. De esa manera se lograrÃa la tan ansiada especialización. La clave pasa, sin embargo, por fortalecer la cadena de delegación que parte del ciudadano que emite su voto en favor de una organización polÃtica que, a su vez, elige a sus miembros más competentes para gobernar o legislar.
Ignazio De Ferrari
BibliografÃa:
Dahl, Robert A. (1998): On democracy. New Haven: Yale University Press.
Fuente de la imágen: presentimperfect.com












