Economía y cohesión social

La economía como fuerza integradora

La economía desempeña un papel fundamental en la construcción de las sociedades modernas. Los lazos de familia, amistad y comunidad son importantísmos, pero tienen un alcance limitado – la mayoría de nuestros conciudadanos no forman parte de nuestras preocupaciones y dedicaciones diarias. Lengua, nacionalidad y religión pueden constituir lazos significativos, pero mucho países son plurilingües y pocos tienen una sola religión.

Un sistema económico, en cambio, logra enlazar los intereses de unos con las habilidades de otros a gran escala y lo hace sin demandar amistad, familiaridad u otros lazos interpersonales. Una transacción económica no presupone ninguna conexión directa entre el comprador y las personas involucradas en el proceso de producción.

Sin embargo, al desembolsar una determinada suma de dinero, el comprador asigna un cierto valor a aquel producto, valor que estará determinado por sus preferencias individuales y las de otros compradores potenciales. Un lector empedernido estará dispuesto a gastar más en libros que otro con menos interés en la lectura. Al otro lado de la transacción tenemos al creador del producto en cuestión, digamos una escritora. Al recibir parte de las ganancias, la escritora es reconocida como creadora de valores. Con el dinero de sus ventas, ella puede proceder a comprar los productos que considere valiosos de acuerdo a su propia escala de preferencias.

La gran ventaja del sistema económico así concebido está en que se construye sobre los intereses de sus actores en vez de imponer jerarquías predeterminadas. De ahí su dinamismo radical. Lo único que cuenta es lo que los participantes, tomados como una colectividad de individuos, demandan en un determinado momento.

En las relaciones personales y de comunidad, nociones como hermandad, amistad o lealtad juegan un papel importante y requieren que los actores hagan esfuerzos y desistan de sus intereses cuando estos colisionan con los requerimientos propios de estas relaciones.

En el sistema económico, ninguno de estos valores necesita ser asumido como necesario. Para echar a andar un mercado bastan intereses, sin importar si estos son egoístas, altruistas o enteramente indiferentes a consideraciones morales. Adam Smith incluso pensaba que, a veces, perseguir el interés propio al realizar una transacción económica puede traer más beneficios a la sociedad que actuar con buenas intenciones:

[H]e intends only his own gain; and he is in this, as in many other cases, led by an invisible hand to promote an end which was no part of his intention. Nor is it always the worse for the society that it was no part of it. By pursuing his own interest he frequently promotes that of the society more effectually than when he really intends to promote it (Smith 1776, libro IV, capítulo 2).

En castellano:

Él procura únicamente su propia ventaja; al hacerlo, como en muchos otros casos, es guiado por una mano invisible que promueve un fin que no forma parte de su intención. El hecho de que no sea parte de su intención no tiene que ser siempre lo peor para una sociedad. Al perseguir su propio interés, él muchas veces promueve el de la sociedad de una forma más efectiva que si realmente tuviera la intención de promoverlo (Smith 1776, libro IV, cap. 2, traducción propia, BK).

La argumentación de Smith a favor de la “mano invisible” es convincente en muchos casos. Pensemos en la reciente propuesta, en el marco del programa gubernamental “Sierra Exportadora”, de exportar cuyes enlatados. Un empresario que cree en la rentabilidad de tal propuesta e invierte en la crianza, el procesamiento y la exportación de carne de cuy no necesita hacerlo por el bien de la economía subdesarrollada de la sierra peruana. Quizá lo único que este empresario tenga en mente sea su propia ganancia y el sueño de una casa de playa en Miami.

No importa. Lo que importa es que la inversión de este empresario contribuya a crear puestos de trabajo formales, una cadena productiva y un mercado de exportación que haga de la sierra una región con una economía diversificada, mejores niveles de empleo y una infraestructura que atraiga mayores inversiones. Una inversión con tales efectos puede resultar mucho más beneficiosa para un región pobre que un programa de asistencia social concebido con las mejores intenciones. La “mano invisible” de Adam Smith hace posible que un empresario interesado en su propio bien termine mejorando la calidad de vida de mucho otros.

3 thoughts on “Economía y cohesión social

  1. hablando de “la benevolencia del cervecero” como criterio ético en el intercambio comercial, es de señalar que el pago del plusvalor, al margen del valor ético, no es sino señal de un mal funcionamiento del mercado: en efecto “el comercio justo” se enfrenta con restricciones estatales que protegen intereses monopolistas con el fin de eliminar la libre competencia. Es el caso de la UE con sus subsidios agrarios. Gracias a ellos y a los aranceles se encarecen los productos no originarios de la UE de modo que dejan de ser competitivos. De ser eliminados, el concepto de “fair trade” con su componente ético dejaría de ser relevante, pues no sería – una vez más – la benevolencia del cervecero la que le llevaría a hacer negocios, sino su interés. Y de eso se trata, de establecer el libre mercado a escala planetaria.

  2. la macroeconomia es algo muy remontado en esta actualidad, por lo cual el pais debe saber aprobechar, las materias primas pero con un desarrollo sotenible, y no solo quedarse en palabras sino llevarlo a la practica.

Comments are closed.