EconomÃa y cohesión social
Monday, 16 July 2007

En muchos planteamientos de izquierda, la economÃa desempeña un rol negativo. La creación de desigualdades, la explotación de los trabajadores y la debilitación del Estado son atribuidos a las fuerzas económicas y los intereses de la derecha. El libre mercado y la justicia social son considerados antagonistas naturales en una lucha donde la izquierda se proclama garante de lo segundo.
Este ensayo propone una visión distinta de la economÃa y su relación con la sociedad. Propongo concebir la economÃa como uno de los motores integradores de sociedades modernas. La economÃa es vital no solamente como garantizador de un cierto nivel de vida, sino también en tanto potencia la construcción de identidades sociales. Dependiendo de los intereses que estén en juego, la economÃa puede ponerse al servicio de consideraciones éticas cimentando asà una sociedad centrada en el desarrollo individual o bien prestarse para consolidar relaciones nocivas. El Perú, con una sociedad altamente fragmentada, es un caso especialmente relevante. AquÃ, la economÃa puede impulsar la cohesión social o perpetuar relaciones asimétricas de discriminación.
Sociedades tradicionales, sociedades modernas
En sociedadas tradicionales, las relaciones interpersonales se definen de acuerdo a una esquema rÃgido de jerarquÃas. Durante la Edad Media, por ejemplo, el estatus social con el cual uno nacÃa definÃa, en gran parte, la biografÃa. Residencia, trabajo y matrimonio estaban circumscritos por la posición que uno ocupaba dentro del escalafón social. Otro ejemplo son las tribus amazónicas que aún mantienen una forma de vida tradicional dominada en el ámbito laboral por caza, pesca y artesanÃa. En el caso de los yaminahuara, una tribu de la selva peruana, los matrimonios se fijan de acuerdo a los grados de parentesco entre los distintos clanes que integran la tribu (Calderón 2000, 244).
Por más distintos que sean estos ejemplos, su denominador común es la estabilidad y por ende predictibilidad de los términos de intercambio. En sociedades donde la movilidad social es baja, la división laboral escasa y donde relaciones de parentesco juegan un rol determinante, los intercambios –incluyendo no solamente bienes y servicios, sino también valores sociales y relaciones personales – se ajustan a estos esquemas preestablecidos. El margen de maniobra para un individuo o un grupo dentro de aquellas sociedades es bastante limitado.
Las sociedades modernas representan un desafÃo radical a este modelo. Los roles y las jerarquÃas sociales se vuelven permeables siendo reemplazados por la noción abstracta y egalitaria del ciudadano. Todos somos ciudadanos, sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer. Estamos, pues, frente a un concepto homogéneo que precisa de contenido para su concretización individual. A falta de un esquema oficial, el centro gravitacional de las sociedades modernas se constituye alrededor de la aglomeración de preferencias individuales en las distintas esferas públicas. El nuevo criterio para posicionarse dentro de la pirámide social es la aceptabilidad y originalidad de lo que uno puede ofrecer frente a un colectivo de intereses individuales.


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