La psicología del invasor
Monday, 28 May 2007
¿Qué se esconde detrás de la invasión del Mercado de Santa Anita? ¿Se trata solamente de un problema de manipulación de los comerciantes por parte de dirigentes corruptos y traficantes de tierras? ¿O es que también existe un discurso que en el pasado ha legitimado las invasiones de tierras? Un breve análisis.
La situación en el Mercado Mayorista de Santa Anita es cada vez más crítica. La prensa limeña informaba este fin de semana que los comerciantes habían demandado al presidente García el envío de alimentos ante la escasez de los mismos al interior del recinto ocupado. Los comerciantes llevan más de tres semanas atrincherados, con las consiguientes deficiencias sanitarias. Hace por lo menos dos semanas que se habla de un inminente desalojo que aún no se produce.
En total son 10 mil las personas que se rehusan a abandonar el mercado que invadieron el 14 de noviembre de 2002. Dentro del lugar se encuentran 3500 niños, en su mayoría hijos de los comerciantes. El terreno, de 80 héctareas, es de propiedad de la Municipalidad de Lima y, según el diario La República, está valorado en alrededor de 400 millones de soles. De acuerdo con el mismo diario, la invasión de 2002 fue promovida por un conocido traficante de tierras que gozaba de considerables influencias políticas.
Perú, país de invasores
Sin embargo, sería pecar de simplista suponer que en el caso del Mercado de Santa Anita se trate solamente de una manipulación de los comerciantes por parte de dirigentes corruptos que sólo buscan enriquecerse a costa de incautos invasores. En la psicología del invasor juega un papel importante el hecho de que en el pasado, actores políticos y sociales, desde gobiernos hasta partidos políticos, hayan legitimado acciones de expropiación de tierras o invasión de terrenos privados o del Estado.
En efecto, en la historia reciente del Perú y América Latina, ha existido un discurso de parte de actores muy diversos que ha legitimado las expropiaciones y las invasiones. “Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza”, era el lema de la Reforma Agraria que llevó a cabo el General Juan Velazco, que permitió la expropiación de miles de hectáreas de tierra productiva, amparado en argumentos de corte estructuralista, como que las relaciones de poder asimétricas estaban basadas en una distribución inequitativa del poder que daba la posesión del suelo. En parte debido a la Reforma Agraria, Lima se convirtió en una gran invasión, cuyos fragmentos fueron bautizados con el eufemismo de pueblos jóvenes. Años después, el gobierno de Fujimori se armaría de un enorme capital de votos cautivos, dándole títulos de propiedad a muchos de esos invasores.
Pero ese discurso no se circunscribe solamente al pasado. Con respecto al caso específico del Mercado de Santa Anita, la Comisión de Agricultura del Congreso aprobó en 2005 un dictámen que proponía adjudicar los terrenos del mercado a los comerciantes invasores (La República 25/06/2005). El dictámen contaba con la aprobación de congresistas de diversas bancadas, entre los cuáles se encontraban alguno del Partido Aprista. Al final, los legisladores se retractaron, ante la ausencia de apoyos mayoritarios entre sus colegas, pero el apoyo inicial permitió a los invasores reforzar su posición.
Se trata, en resúmen, de un problema complejo ante el cual, como señala Bernd Krehoff, debe primar pese a todo el principio de autoridad. La complejidad radica en que la posición de los comerciantes forma parte de un discurso que ha sido sistemáticamente legitimado en el pasado reciente y muy probablemente sea legitimado nuevamente en el futuro, dado el grado de informalidad en que vivimos y el aún insoportable nivel de pobreza que el país acusa.
Ignazio De Ferrari



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