El Fondo Monetario Internacional y sus complejas relaciones con Perú y América Latina
Monday, 12 February 2007

El ex presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Michel Camdessus, visitó nuestro país la semana pasada y se reunió con el presidente Alan García después de tener más de 20 años de historia juntos. Camdessus presidió el organismo internacional durante el primer gobierno de García, cuando el Perú, enfrentando una profunda crisis económica, optó por cortar sus relaciones con el Fondo, abandonar su consultoría y pagar sólo una fracción de su deuda. Dos décadas han pasado y Alan García vuelve al poder, sin embargo, hoy se enfrenta a un país muy diferente. A continuación un análisis de lo que vivió América Latina en la llamada “década perdida” de los 80s, el papel que el FMI jugó en este periodo de crisis, y la reevaluación de la relación del Estado peruano con el organismo dadas las circunstancias de hoy en día.
La Década Perdida
Los ochentas fue un periodo de crisis en la economía mundial, y fueron África y América Latina los continentes que más caro pagaron las consecuencias. Durante los 60s y 70s los gobiernos latinoamericanos recibieron numerosos préstamos tanto de otros gobiernos como de bancos privados internacionales y del FMI y el Banco Mundial. A finales de los 70s la economía Norteamericana empezaba a desacelerar su crecimiento causando incertidumbre y temor en sus organismos financieros. Esto, sumado a la crisis petrolera del 79, produjo un violento aumento en la tasa de interés de los bancos internacionales, teniendo un efecto directo en el monto a pagar por los países endeudados. La deuda externa de la región latinoamericana se multiplicó por cuatro de 1975 a 1980, llegando a los $204 billones. Además, hubo una fuerte caída en los precios internacionales de recursos naturales, afectando los ingresos de los países exportadores de estos. El Perú, siendo un exportador de recursos naturales, sufrió las consecuencias que resultaron en una balanza comercial desfavorable (esto ocurre cuando se importa más de lo que se exporta). La mayoría de Estados latinoamericanos quedaron cortos de moneda extranjera, sin posibilidades de pagar sus deudas. Por el contrario, se vieron en la necesidad de seguir pidiendo préstamos para enfrentar la crisis.
El FMI y la junta de banqueros privados que se unieron para encarar la crisis de la deuda, inteligentemente negociaron con los países por separado, para impedir que América Latina se uniera en su campaña de cancelación de la deuda. Así, en la mayoría de los casos se establecieron planes de repago a largo plazo, con el control cercano del FMI en las economías endeudadas para asegurar el “progreso” de estas.
El Perú, al mando de Belaunde, se adhirió a los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el FMI como condición a la renegociación de la deuda, con consecuencias nefastas para la economía. En 1982 la economía no creció, y en 1983 el crecimiento fue negativo (-12,2%). El ingreso per capita cayó en 14,8% de 1980 a 1985. La balanza comercial fue negativa, traduciéndose en un continuo déficit fiscal que el FMI intentó reparar reduciendo el presupuesto del Estado, incrementando las tarifas públicas y devaluando la moneda nacional. La llegada del joven y carismático aprista en 1985 prometió traer muchos cambios. Entre ellos, romper las relaciones con el FMI y dejar de lado sus reformas estructurales.
Las consecuencias de las políticas de García, sin embargo, al cabo de dos años resultaron ser más perjudiciales que las del gobierno anterior. Para 1989, con una tasa anual de inflación del 2000%, la economía del Perú parecía no tener arreglo. Fujimori llegó al poder en 1990 y el FMI ingresó nuevamente a la política económica peruana.
FMI: ¿Soluciones o más Problemas?
El FMI jugó un papel importante en la política peruana antes y después de García, y en la mayoría de países de América Latina tuvo una influencia continua. Los Programas de Ajuste Estructural se apoderaron de los gobiernos latinoamericanos en los 80s y 90s, pasando a ser casi una característica típica en los países del “Tercer Mundo”. La idea detrás de estas políticas es que si bien la deuda puede ser renegociada, o incluso perdonada en parte, los gobiernos que irresponsablemente malgastaron sus préstamos deben iniciar un proceso de reforma interna que tiene como objetivo prevenir crisis similares en el futuro. Claramente, las reformas impuestas por estos organismos son de corte neo-liberal, lo que muchos entenderían como parte del Consenso de Washington. Estas reformas consistieron en drásticos procesos de ajuste, basados generalmente en masivas devaluaciones y medidas dirigidas a reducir la absorción doméstica, en particular el gasto público. Los programas de ajuste normalmente incluyeron la liberación del comercio y capital, privatizaciones y reformas tributarias y financieras. El énfasis fue puesto en la austeridad del Estado y en mantener políticas fiscales estrictas. Según los críticos, estas reformas han empujado a los Estados de países en vías de desarrollo a recortar sus gastos en salud, educación y otros servicios públicos, impidiendo mejoras en la calidad de vida de sus ciudadanos.
Al ser llevadas a la práctica, estas reformas tuvieron resultados mixtos en América Latina. Por un lado hay quienes sostienen que en el largo plazo, es decir 20 años después, los países de nuestra región empiezan a ver los beneficios de las reformas estructurales, y el crecimiento ha retornado en los últimos años a la mayoría de países de la región. El Perú es un claro ejemplo. Nuestra política económica hoy es en muchas formas lo que el FMI quiso imponer años atrás. Por otro lado, hay quienes sostienen que el duro impacto de estos programas de ajuste en la población de los países fue muy perjudicial e injustificado. La pobreza en América Latina, a pesar de las reformas, continúa afectando al 40% de la población, y en el caso de África se ha incrementado en los últimos años (el continente viene decreciendo desde los 80s). Recuperar los niveles de crecimiento anteriores a 1980 nos ha costado más de veinte años. Como señala Cordbrige, ¿es acaso razonable mantener a millones de personas en la pobreza, que no participaron del problema en un inicio, por el pago de la deuda externa?
Según Félix Jiménez, economista y docente de la PUCP, las políticas de reforma del FMI para los países solo lograron debilitar la capacidad del Estado y no permitieron asegurar el crecimiento en el futuro. “El Fondo tuvo varios problemas en su asesoramiento a América Latina y eso se está viendo hoy, cuando los países de la región decidieron prepagar sus deudas porque buscan independencia”, dijo. (La Republica).
El FMI y el Perú de hoy
Bajo este enfoque, la razón principal del pago de deudas al FMI es que los países latinoamericanos buscan tener la independencia económica que por muchos años se vio restringida. El Perú, sin embargo, toma una ruta diferente al firmar, a inicios de este año, una Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional por 258 millones de dólares. Si no vivimos un momento de crisis, ¿cuál es el objetivo de este nuevo acuerdo?
En palabras de García, “a pesar de que el país no requiere de dicho instrumento por sus buenas condiciones macroeconómicas”, la renovación de este convenio, que venció en junio pasado, es beneficiosa ya que nuestro país necesita de un “paraguas de opinión” ante los inversionistas. (Perú 21)
Según explica la Carta de Intención, “el acuerdo Stand By contribuirá a reforzar la confianza del mercado y a proveer de una ancla importante a las políticas del gobierno dirigidas a afianzar la estabilidad macroeconómica, a combatir con firmeza la pobreza y a lograr un mayor crecimiento en el mediano plazo”. (www.mef.gob.pe)
Por su parte, David Tuesta, gerente de estudios económicos del BBVA Banco Continental, dijo que es conveniente contar con un tipo de supervisión que demuestre el buen ritmo de los indicadores económicos. “Es útil porque da mayor transparencia. Su objetivo será como la de un auditor que dé señales de manejo consistente en la economía”. (www.sbs.gob.pe)
Camdessus y García se reencuentran
Después de haber roto las relaciones con el FMI hace más de veinte años, Alan García y el entonces presidente del Fondo se reencontraron la semana pasada en Lima. Hoy, sin embargo, el país que lidera García es muy distinto al de 1985. Nuestra economía viene creciendo continuamente hace cinco años, hemos logrado bajos niveles de inflación y una mejora general en la mayoría de los indicadores financieros. Hoy, probablemente encajemos dentro de las exigencias del FMI.
Camdessus reconoció los avances e hizo una serie de comentarios y recomendaciones al respecto. Subrayó que la imagen de nuestro país está mejorando cada vez más y que actualmente, el mundo financiero entiende cuál es el rumbo por el que el Perú quiere desarrollarse hacia el futuro. En sus palabras, “mientras que el Perú se preocupe por mantener la estabilidad financiera, monetaria y la ambición social, continuará el progreso del país”. Sin embargo, el ex director del Fondo señaló que nuestro país aún enfrenta el gran reto de combatir los problemas sociales, como la pobreza, la desigualdad y el mejoramiento de la salud y educación pública. Así demuestra que, a pesar de haber presidido un organismo duramente criticado por su insensibilidad a los aspectos sociales, en el siglo XXI queda claro para todos que los problemas sociales son una lucha necesaria si se quiere alcanzar el desarrollo. Explicó que uno de los problemas existentes en el Perú es la falta de intermediación financiera, “es decir, cómo canalizar los ahorros del sistema financiero hacia los agentes deficitarios de recursos”. Sin embargo, aseguró que el rumbo económico del país inspira confianza.
García, tratando de remediar los errores del pasado, se mostró orgulloso de su actual plan de gobierno y confiado en el éxito de sus políticas. Aseguró que el actual manejo financiero de su gobierno está orientado hacia lo social. “El gran objetivo de mi gestión es que el crecimiento económico se traduzca en generación de empleo”. Además, el mandatario habló de su objetivo de hacer del Perú un país líder en Sudamérica.
El Futuro
Esperemos que las palabras del presidente Aprista, esta vez, se traduzcan en hechos. Es indudable que el Perú está hoy más preparado que nunca para enfrentar los retos que presenta la economía internacional y obtener los mayores beneficios de ser parte de ésta. En relación al FMI, dada la estabilidad económica del país, si bien utilizados, los fondos podrían ser una herramienta para mejoras fundamentales en el Perú, ya sin imponer reformas drásticas que afecten negativamente la calidad de vida de los peruanos. Así podríamos finalmente dar un buen uso al trabajo de esta institución multilateral después de tantas experiencias negativas.
Mariana Costa
Fuentes:
Riley, Stephen. Políticas de Deuda Global. St. Martin’s Press. 1993.
Imagen:
http://gis1.ucsc.edu/~ericw/sap_debt_la.gif
Leyenda de la imagen: SAP and Debt = Programas de Ajuste Estructural (SAP por sus siglas en inglés) y Deuda



(6 voto(s), promedio: 3.5 de 5)









