Los procesos de democratización en Chile y Venezuela

Sunday, 23 July 2006

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Desde las guerras de independencia en las tres primeras décadas del siglo XIX, los países latinoamericanos se han debatido entre largas dictaduras y procesos de democratización. Han sido varios los intentos de alcanzar situaciones de estabilidad democrática. Sin embargo, la mayoría de las veces estos intentos fueron sofocados por el poder de las armas de los caudillos.

La historia que hemos escrito en esta parte del mundo es una de vencedores y vencidos. Los intentos de conciliación, de construir sistemas representativos en los que todos los sectores tuvieran acceso a la toma de decisiones fueron más la excepción que la regla. Todavía hoy, pese a que en casi todos los países de la región existen democracias formales, la exclusión política y social conviven con las instituciones formales.

El tema del mes de julio explora los procesos de democratizaci√≥n de Venezuela y de Chile. Tomando el an√°lisis de estos dos casos como punto de partida, intentaremos sacar algunas conclusiones de relevancia para el Per√ļ. La base del trabajo la aportar√°n las diversas teor√≠as de democratizaci√≥n que expondremos a continuaci√≥n.

Las teorías de democratización

Desde mediados del siglo pasado, cient√≠ficos sociales, sobre todo de Estados Unidos y Europa, se han dedicado a investigar las condiciones necesarias para la democratizaci√≥n de los pa√≠ses. Las diferentes escuelas que han surgido de estos estudios han puesto enf√°sis en diferentes aspectos de los sistemas sociales. As√≠, los te√≥ricos de la modernizaci√≥n se centraron en la econom√≠a, los estructuralistas en el Estado y en la sociedad, los estudiosos de los actores en la esfera pol√≠tica, etc (ver Merkel/Puhle 1999: 21). Pero, ¬Ņa qu√© nos referimos exactamente cuando hablamos de las teor√≠as de la modernizaci√≥n, de las estructuras o del estudio de los actores pol√≠ticos?

La teoría de la modernización, cuyo padre es el norteamericano Seymour Martin Lipset, sostiene que la democratización y el posterior mantenimiento del sistema democrático dependen del desarrollo económico del país. Mientras más rico sea un país, la posibilidad de que se establezca una democracia y que posteriormente ésta se consolide será mayor (ver Lipset 1959).

Lipset mide el desarrollo económico de un país a través del Producto Bruto Interno (PBI) por cabeza. Al mismo tiempo, emplea otras variables como el grado de urbanización, de industrialización o el desarrollo de la educación (niveles de analfabetismo). Es decir, el desarrollo económico conduce a una mejora de la educación y a la aparición de una cultura política democrática.

Para los te√≥ricos de la modernizaci√≥n, la relaci√≥n entre desarrollo econ√≥mico y democracia es causal, pero no monocausal. La modernizaci√≥n econ√≥mica no es una condici√≥n suficiente para el desarrollo de la democracia, es una de las m√°s importantes pero no la √ļnica. Tampoco es necesaria en todos los casos, prueba de ello es la India, la mayor democracia del mundo (ver Merkel/Puhle 1999: 30).

Los teóricos de las estructuras, en vez, ponen enfásis en las luchas sociales por el poder, inherentes a los procesos de transformación. El éxito o el fracaso de la democracia son el resultado del desplazamiento de las estructuras de poder en una sociedad. A diferencia de los teóricos de la modernización, los estructuralistas rechazan la noción de que la democracia surja de manera forzosa. En vez, sostienen que ésta es uno entre otros resultados posibles (ver Merkel/Puhle 1999: 45).

Barrington Moore, uno de los pioneros de esta corriente, sostiene que el establecimiento de la democracia depende, sobre todo, de cinco factores (Moore 1969: 495):
1. el reparto del poder dentro de las élites.
2. la base económica de las clases altas ligadas al sector agrario.
3. la constelación de las coaliciones de clase.
4. la división del poder entre las clases sociales.
5. la autonomía del Estado con respecto a las clases dominantes.

Seg√ļn Moore, la fuerza social que debe impulsar la democracia es la burgues√≠a, de ah√≠ la tesis ‚Äúsin burgues√≠a no hay democracia‚ÄĚ. Sin embargo, Moore agrega que la burgues√≠a favorece la democracia s√≥lo cuando se mantiene independiente de los latifundistas y cuando no forma una coalici√≥n de clase contra los trabajadores y los campesinos (495). En conclusi√≥n, la constelaci√≥n que m√°s favorece el desarrollo democr√°tico es una clase trabajadora fuerte, una igualmente fuerte clase media, una burgues√≠a moderna, es decir, no olig√°rquica y una clase terrateniente d√©bil. A su vez, la autonom√≠a del Estado debe estar garantizada.

Pese a su considerable poder explicativo, las teorías estructurales tienen, al menos, un punto débil. El problema radica en que se da poca o ninguna importancia a la diferenciación dentro de las clases sociales. Se da por sentado que éstas se comportan como actores unitarios cuando, muy a menudo no todos los integrantes de una clase comparten los mismos intereses. Dicho de otra manera, las clases sociales son como cajas negras de las que se desconoce sus procesos internos.

Las teor√≠as que estudian el comportamiento de los actores pol√≠ticos recogen esta problem√°tica. La unidad de an√°lisis ya no son las clases sociales, sino los actores individuales. La transformaci√≥n de los sistemas, seg√ļn esta corriente, no depende tanto de las circunstancias objetivas o de las constelaciones de poder, sino de las percepciones subjetivas, las estrategias y el comportamiento de los actores relevantes (ver Merkel/Puhle 1999: 49). En ese sentido, por el comportamiento de los actores se entiende la toma de decisiones de las √©lites pol√≠ticas. El papel que puedan jugar las masas pasa a un segundo plano.

Para los estudiosos del comportamiento de los actores, la esfera econ√≥mica (teor√≠a de la modernizaci√≥n) y la esfera de la sociedad y el Estado (estructuras) componen el marco general en el que se desempe√Īan las √©lites de vocaci√≥n autocr√°tica y democr√°tica. La adopci√≥n y consolidaci√≥n de un sistema democr√°tico depender√° en gran medida del c√°lculo costo-oportunidad de los actores en el poder.

Las condiciones estructurales en Chile y Venezuela

La estructura económica de los países latinoamericanos ha influído de manera considerable en la distribución del poder entre los distintos grupos sociales. Tanto en Chile como en Venezuela, la principal actividad económica estuvo ligada, al menos desde comienzos del siglo XX, al sector de la extracción. En Chile, la minería se convirtió en la actividad estratégica por excelencia (pese a que los intereses de los terratenientes coincidían a menudo con los de la minería) y, en Venezuela, el sector petrolero se convirtió en el más importante desde que se descubrieron las primeras reservas durante la dictadura militar de Juan Vicente Gómez (1908-1935). El resultado fue que los grupos sociales intentaron desde temprano hacerse del control del Estado para tener acceso a los beneficios económicos.

Este hecho tuvo tanto consecuencias postivas como negativas para el desarrollo de la democracia. En ambos casos, se constituyeron alianzas entre las clases medias y las clases trabajadoras. √Čstas ejercieron demandas por m√°s democratizaci√≥n, pero la naturaleza radical de sus demandas choc√≥ con la oposici√≥n de la burgues√≠a y los terratenientes que formaron una coalici√≥n de clase contra ellos, en especial en Venezuela (ver Rueschmeyer/Stephens 1992: 175). Como vimos en la argumentaci√≥n de Moore, √©sto √ļltimo tuvo consecuencias negativas para la democratizaci√≥n.

Pese a que, a diferencia de otros pa√≠ses de la regi√≥n, la burgues√≠a no fue uno de los soportes de la democracia, en Chile √©sta, al igual que la clase terrateniente, s√≠ estuvo dispuesta a integrarse tempranamente al sistema de partidos. Chile, que como afirmaba el poeta Pablo Neruda, carec√≠a de una tradici√≥n caudillista, inici√≥ en 1932 el proceso de redemocratizaci√≥n luego del ochenio del dictador Ib√°√Īez. Entre ese a√Īo y 1973, los principales partidos se alternaron en el poder aunque durante algunos a√Īos estuvo proscrito el Partido Comunista

La clave para la temprana inserción de las clases dominantes en la vida democrática chilena radicó probablemente en la coincidencia de intereses entre el sector minero y el de los terratenientes. En Venezuela, en cambio, gran parte de la burguesía al igual que la alicaída clase terrateniente, debilitada tras el surgimiento del sector petrolero, no encontraron representación partidaria y hasta 1958 escogieron el camino militar para ejercer el poder.

El desarrollo del sector de la extracci√≥n no fue el √ļnico fen√≥meno de tipo econ√≥mico que influy√≥ en el proceso de democratizaci√≥n. El modelo del ISI (Industrializaci√≥n por Substituci√≥n de Importaciones), implementado en casi todos los pa√≠ses sudamericanos desde la d√©cada de 1930 (en Venezuela reci√©n despu√©s de la Segunda Guerra Mundial), buscaba fortalecer la demanda interna y contemplaba una industrializaci√≥n forzada. La industrializaci√≥n produjo un crecimiento vertiginoso de la clase trabajadora. De esa manera, las demandas de democratizaci√≥n se hicieron m√°s potentes con el crecimiento de un sector que fue r√°pidamente politizado por los partidos radicales de masas, en Chile el Partido Comunista, Socialista y el Partido Radical y, en Venezuela, Acci√≥n Democr√°tica (ver Rueschmeyer/Stephens 1992: 178).

El sistema de partidos chileno empez√≥ a resquebrajarse con la llegada al poder en 1970 de la Unidad Popular, coalici√≥n de comunistas y socialistas liderada por Salvador Allende. En la elecci√≥n de ese a√Īo se produjo una fuerte polarizaci√≥n entre el candidato de los sectores medios y trabajadores y el de la burgues√≠a y la clase terrateniente. La polarizaci√≥n continu√≥ durante los tres a√Īos siguientes, en los que la Unidad Popular continu√≥ siendo la fuerza dominante en la arena electoral, tanto en elecciones legislativas como municipales. A eso se sumaron los profundos cambios estructurales que el gobierno de Allende ven√≠a realizando. En esa nueva constelaci√≥n, los sectores altos empezaron a percibir que el camino democr√°tico para alcanzar el poder dejaba de ser viable. El golpe del 11 de setiembre de 1973 devolvi√≥ a los militares al gobierno.

En Venezuela vimos que el surgimiento del sector petrolero perjudic√≥ gravemente al sector terrateniente. La raz√≥n fue que el petr√≥leo produjo una sobrevaloraci√≥n de la moneda, el Bol√≠var, que deterior√≥ al sector agroexportador (ver Lynn Karl 1986: 199). Los due√Īos de la tierra vendieron sus posesiones a las petroleras norteamericanas interesadas en nuevas exploraciones y pasaron al sector del comercio. Los campesinos se mudaron a las ciudades donde ingresaron a los partidos pol√≠ticos (200).

El primer intento democrático en Venezuela fue de muy corta duración. Entre 1945 y 1948, Acción Democrática (AD) intentó impulsar un programa reformista que fue interrumpido por el golpe de Estado de Pérez Jiménez. Las clases altas recurrían una vez más a los militares.

Los actores políticos y sus decisiones

Chile soport√≥ entre 1973 y 1990 una de las dictaduras m√°s f√©rreas que se conocieron en Latinoam√©rica durante el siglo XX. El Estado impuls√≥ una pol√≠tica de violaci√≥n sistem√°tica de los derechos humanos que dej√≥ un n√ļmero, a√ļn hoy, incierto de desaparecidos.

En Venezuela, el dictador Marcos P√©rez Jim√©nez se mantuvo en el poder durante diez a√Īos, al cabo de los cuales tuvo que huir del pa√≠s agobiado por la crisis econ√≥mica y las demandas de liberalizaci√≥n de la oposici√≥n. Veamos primero los acuerdos a los que llegaron los actores relevantes en Venezuela para lograr la apertura del sistema.

La principal fuente de oposici√≥n al gobierno de P√©rez Jim√©nez vino naturalmente de la izquierda, cuyo principal representante era AD. Sin embargo no era la √ļnica. Dentro de la instituci√≥n militar exist√≠an sectores t√©cnicos de tendencia democr√°tica que favorec√≠an acuerdos con los partidos (ver Lynn Karl 1986: 205).

A la existencia de una oposición medianamente activa, se sumaban los escasos dotes políticos del dictador. Pérez Jiménez no supo mantener coaliciones estables con sus aliados, la Iglesia y las élites económicas. Hacia finales de la década de 1950 se produjo una crisis económica que el gobierno no supo manejar. Cuando se rompió la cadena de pagos, el sector empresarial decidió retirarle el apoyo al gobierno.

Mientras tanto, en el Ej√©rcito se empezaban a escuchar voces en favor de un cambio en la c√ļpula de gobierno. El Movimiento para la Liberaci√≥n Nacional (MLN), facci√≥n militar opositora a P√©rez Jim√©nez intent√≥, sin √©xito, derrocarlo. En el campo pol√≠tico-partidario, las agrupaciones se unieron en la Junta Patri√≥tica (ver Lynn Karl 1986: 208f).

El 21 de enero de 1958 se produjo un paro general en Caracas al que se plegaron todos los sectores, incluso la Iglesia y los empresarios. Dos días después, Pérez Jiménez aceptó renunciar y se dió inicio a las negociaciones que desembocaron en el Pacto de Punto Fijo.

El nuevo pacto significó la piedra angular del bipartidismo venezolano con la posterior alternancia entre AD que evolucionó hacia posiciones socialdemócratas y COPEI (democráta cristianos). Los partidos se comprometieron a aceptar los resultados electorales y a favorecer un sistema de consultas constantes. Pero en el pacto no solamente estuvieron incluídos los partidos, sino todos los sectores sociales.

A los militares se les ofreci√≥ un ‚Äúborr√≥n y cuenta nueva‚ÄĚ, es decir no llevar a juicio posibles actos de violaci√≥n a los derechos humanos ni cualquier otro acto delictivo. Adem√°s se les prometi√≥ m√°s recursos para modernizar equipamiento as√≠ como mantener el servicio militar obligatorio. A la Iglesia se le entreg√≥ m√°s subsidios e independecia con relaci√≥n al Estado. Con los sindicatos se acord√≥ promover una pol√≠tica de pleno empleo y negociar las tarifas de manera centralizada. En conclusi√≥n, con el Pacto de Punto Fijo se logr√≥ sacar de la arena electoral futuros conflictos y se le quit√≥ poder al Congreso como √≥rgano deliberativo (ver Lynn Karl 1986: 212-215).

En Chile el proceso de negociación fue mucho más tortuoso, puesto que una de las partes ejercía el poder desde los cuarteles militares. A su vez, la dictadura había tomado desde el comienzo medidas para debilitar a los trabajadores, principal fuente de oposición. En ese sentido, la política de apertura comercial que impulsó Pinochet fue motivada, en gran medida, por razones políticas (ver Krumwiede 2004).

Queda claro entonces que en el caso chileno la transici√≥n fue conducida por el propio r√©gimen. El primer paso fue la Constituci√≥n de 1980, que sigue a√ļn hoy en vigencia. La nueva carta preve√≠a un refer√©ndum para 1988, en el que los chilenos decidir√≠an si Pinochet se mantendr√≠a ocho a√Īos m√°s en el poder. La consulta popular se llev√≥ a cabo y el 54,7% de los electores votaron en contra de la permanencia, con lo que se abr√≠a el camino para las elecciones generales del a√Īo siguiente.

Pero, ¬Ņpor qu√© decidi√≥ la dictadura emprender un proceso de democratizaci√≥n? La raz√≥n principal es que Pinochet necesitaba legitimarse, en especial en el plano internacional en el que se hab√≠a iniciado una ola de democratizaci√≥n en todo el continente. Adem√°s, los Estados Unidos hab√≠an cambiado el discurso y empezaban a rechazar los gobiernos autocr√°ticos. Por otro lado, Pinochet estaba convencido de que ganar√≠a la consulta puesto que la econom√≠a pasaba por un buen momento. Tres meses antes del refer√©ndum parec√≠a que as√≠ ser√≠a.

En el lado de la oposición, no todos estaban a favor de aceptar la realización del referéndum. Los sectores más radicales con el partido Comunista a la cabeza favorecían una estrategia rupturista. Pero, al final, incluso los comunistas movilizaron a sus votantes para rechazar la permanencia de Pinochet. La ruptura habría sido probablemente nefasta, puesto que el régimen no estaba aislado y contaba incluso con el apoyo de algunos sectores de las clases bajas, como demuestra el 43% obtenido en la consulta. En conclusión, la unión cerrada de la oposición fue vital para derrotar a un Ejército igualmente unido.

Conclusiones

Desde la d√©cada del noventa, Chile y Venzuela no han podido seguir caminos m√°s distintos. En Chile, la democracia ha empezado a sentar bases. As√≠ lo demuestran los resultados que arroja cada a√Īo el Latinobar√≥metro. Se ve claramente que los √≠ndices de apoyo a la democracia son de los m√°s altos en la regi√≥n.

La legitimidad que ha adquirido la democracia ha sido el resultado de políticas de gobierno coherentes. Estas han podido ser implementadas gracias a los acuerdos a los que han llegado los partidos políticos. Los gobiernos de la Concertación, coalición cuyas principales fuerzas son los socialistas y los demócrata cristianos, otrora rivales, le han dado una estabilidad saludable al sistema. A esta coalición se le ha enfrentado una en la que están representados los partidos que sucedieron al pinochetismo. Estos partidos, lejos de apoyar posiciones antidemocráticas se han integrado plenamente el juego democrático.

En Venezuela, el Pacto de Punto Fijo fue la solución a la crisis política de 1958 pero acabó representando el calvario de los dos partidos políticos tradicionales. Durante tres décadas y media, AD y COPEI se alternaron en el poder. Su base política radicó en las prácticas clientelistas que fueron financiadas gracias a los cuantiosos ingresos por concepto de venta de petróleo. Sin embargo, a la larga, el sistema que nació del pacto de 1958 probó ser incapaz de reformarse. Los nuevos sectores que lucharon por adjudicarse representación política acabaron recurriendo a figuras neopopulistas, como el actual mandatario Hugo Chávez (ver Ramos Jiménez 2002).

Las conclusiones que podemos sacar de este trabajo trascienden los dos países estudiados. Podemos elaborar algunas tesis de válidas para todo Sudamérica. La primera en importancia está relacionada con los partidos y los sistemas de partidos. En los países en que todos los grupos sociales (en especial las clases altas) adquirieron tempranamente representación partidaria, se desarrollaron antes sistemas democráticos.

Esto no carece de relevancia en el contexto peruano. En la actualidad, hay importantes sectores que carecen de una representación política adecuada. Estos sectores son los más pobres del país y los que, a su vez, buscan desde la década de 1980 una organización que pueda canalizar sus demandas. Son a su vez los sectores que permanecieron excluídos durante gran parte de nuestra vida republicana, los que sufrieron más intensamente el conflicto de Sendero Luminoso y los que menos experiencia democrática tienen.

Del análisis se desprende otra conclusión interesante. La industrialización (factor estructural) fue clave para el surgimiento de grupos sociales que demandaran democracia. La consolidación de las jóvenes democracias dependió de la actuación de las élites. Dicho de otra manera, los factores estructurales crean el contexto en el que se mueven los actores, de quienes depende, una vez instalada la democracia, la consolidación del sistema.

Ignazio De Ferrari

Bibliografía

‚ÄĘ Krumwiede, Heinrich W. (2004): Die chilenische Regimetransformation im R√ľckblick, en Peter Imbusch et al.: Chile Heute: Politik ‚Äď Wirtschaft ‚Äď Kultur. Frankfurt am Main: Vervuert, 253-274.
‚ÄĘ Lipset, Seymour Martin (1959): Some Social Requisites of Democracy: Economic Development and Political Legitimacy, en: The American Political Science Review, 53 (1), 69-105.
‚ÄĘ Lynn Karl, Terry (1986): Petroleum and Political Pacts: The Transition to Democracy in Venezuela, en Guillermo O`Donnell et al.: Transitions from Authoritarian Rule. Prospects for Democracy. Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 93-112.
‚ÄĘ Merkel, Wolfgang; Puhle, Hans-J√ľrgen (1999): Von der Demokratie zur Diktatur. Opladen: Westdeutscher Verlag, 21-62.
‚ÄĘ Moore, Barrington (1969): Soziale Urspr√ľnge von Diktatur und Demokratie. Frankfurt am Main: Suhrkamp
‚ÄĘ Ramos Jim√©nez, Alfredo (2002): Partidos y sistemas de partidos en Venezuela, en Marcelo Cavarozzi y Juan Abal Medina: El asedio a la pol√≠tica. Rosario: Homo Sapiens, 381-410.
‚ÄĘ Rueschemeyer, Dietrich et al. (1992): Capitalist Development and Democracy. Chicago: University of Chicago Press, 172-197, 204-225.

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9 comentarios para “Los procesos de democratizaci√≥n en Chile y Venezuela”:

  1. Juan Carlos Bossio


    Monday, 24 July 2006

    Un comentario al margen. Originalmente P√©rez Jim√©nez estaba ligado a los adecos. Cuando llega a Lima a estudiar en la Escuela de Guerra desarrolla una fuerte amistad con militares apristas. Entre otros, con el mayor V√≠ctor Villanueva, cuyo exilio en Venezuela acepta en un primer momento a√Īos despu√©s, cuando fracasa la insurrecci√≥n del 3 de octubre de 1948. Por esos a√Īos tanto AD como el APRA estaban s√≥lidamente implantados en las fuerzas armadas. Haya promovi√≥ el golpe de Estado planeado por el Gral. Juan de Dios Cuadros. Deb√≠a realizarse el 9. VV se adelant√≥ con planteamientos izquierdistas. La relaci√≥n de los partidos llamados socialdem√≥cratas con las fuerzas armadas es doble.

  2. Zenia


    Monday, 24 July 2006

    Hola. Interesante tema.

    Ser√≠a propicio profundizar en otro √°ngulo: la influencia de las pol√≠ticas de las administraciones nortemaericanas dirigidas a uno y otro pa√≠s, sobre todo en el caso de los dos √ļltimos presidentes (a) de ambas naciones.
    Ambos elegidos en elecciones.
    Habría que detenerse a analizar el papel de las fuerzas armadas en uno y otro país. En Venezuela ellas han dado su apoyo a las reformas sociales desarrolladas en áreas esenciales como la salud y la educación.
    También habría que analizar lso golpes de estado mediáticos. ocurridos en Venezuela, en Chile no. No olvidar el caso de Pedro El Breve: los medios decían una cosa, y la realidad era otra.
    Tras ellos estaban bien lejos los hilos que movían todo el panorama.

  3. Michael Alvarado Gonzales


    Wednesday, 2 January 2008

    OFICIO M√öLTIPLE N¬į 010- ENE -08/NILC ‚Äď2008/CUSCO – PERU

    Cusco, 01 de enero del 2008.

    Se√Īor representante de: ………………………………………………………….

    ASUNTO: INVITACI√ďN AL II ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ‚ÄúNACIONALISMO E INTEGRACI√ďN LATINOAMERICANA Y CARIBE‚ÄĚ.

    De mi mayor consideración.

    Me es muy grato dirigirme a usted y a trav√©s suyo a la organizaci√≥n que representa a fin de invitarlos al II Encuentro Internacional ‚ÄúNacionalismo e Integraci√≥n Latinoamericana y Caribe‚ÄĚ que en coordinaci√≥n con la Congresista de la Republica del Per√ļ Dr. Maria Sumire de Conde, la Parlamentaria Andina por el Per√ļ Elsa Malpartida Jara, Congresista de la Republica del Per√ļ Ing. Susana Vilca Achata y con las delegaciones Internacionales estaremos realizando los d√≠as 28, 29 y 30 de enero del presente a√Īo. En los ambientes del Paraninfo Universitario que esta Ubicado en la plaza de armas, En este evento se contara con la participaci√≥n de delegaciones de Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina, Nicaragua, Guatemala, Cuba, Ecuador, Puerto Rico, Brasil y Delegaciones de las 25 regiones Per√ļ, siendo el objetivo de esta actividad esbozar las posibilidades de integraci√≥n de los pueblos de Am√©rica Latina y caribe en el marco de la nueva situaci√≥n internacional.

    Seguros de contar con su presencia, nos despedimos de usted no sin antes reiterarle nuestros sentimientos de estima personal.

    Archivo:

    - 01 copia………………….Congresista de la Republica Dra. Maria Sumire de Conde
    - 01 copia…………………..Comisi√≥n Organizadora

    Atentamente.

    Atte: Michael Alvarado Gonzales
    Coord. del II ENCUENTRO INTERNACIONAL
    “NACIONALISMO E INTEGRACION LATINOAMERICANA Y CARIBE”
    CUSCO – PERU

  4. jasmine cerdas mora


    Monday, 24 November 2008

    me hubiera gustado encontrar algo de la relación de los procesos de democratizacion en América latina y sus características.

  5. alex


    Thursday, 26 February 2009

    esta vaina si es lala…………

  6. GABRIELLA


    Thursday, 4 June 2009

    QUE FEO TEMA

  7. ayala maria


    Monday, 9 November 2009

    hola me gusta el tema del que se trata (sobre la dictadura)

  8. ariadna barboza


    Tuesday, 10 November 2009

    hola no me gusta el tema del que se trata

  9. jhonatan torrealba


    Saturday, 30 April 2011

    hoola…! me gusto el tema..es justamente lo que necesito!!!

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