¿Antauro Humala, libre?… ¡No!
Saturday, 13 August 2011
Como si no fuese suficiente los polémicos nombramientos de personas vinculadas a la pareja presidencial o con oscuros pasados en cargos del nuevo Gobierno nacional, se empieza a hablar de indulto o amnistía al ex mayor Antauro Humala, hermano del Presidente de la República.
Antauro (todos los llaman por su nombre de pila) y un centenar de sus huestes purgan cárcel por rebelión, posesión ilegal de armas, secuestro agravado y homicidio calificado. En enero de 2005 ellos tomaron la comisaría central de Andahuaylas, robaron armamento policial y secuestraron a quince policías. Desde ahí llamaron a la “insurgencia” contra el gobierno de Alejandro Toledo y por la restitución de la Constitución de 1979 (derogada en 1992), frente a las cámaras de TV y los aplausos de gente seducida por la prédica contestataria de Humala.
Desde Lima se envió al Escuadrón Verde, una unidad élite de la Policía Nacional creada en 2003 que combatía micro-comercializadores de droga y proxenetas, a sofocar la asonada. Los insurrectos emboscaron a la patrulla e hirieron a cuatro policías. Después, en presencia de periodistas y reporteros, los mataron a sangre fría. Humala y compañía comenzaron a recibir el repudio generalizado y la “insurgencia” se “desinfló”. Se entregaron en días posteriores y se año el Poder Judicial los condenó a penas entre quince a veinticinco años de prisión.
Desde 2006 Antauro y Su Excelencia están distanciados, pero el reo está persuadido que su hermano en Palacio de Gobierno lo indultará o promoverá ante el Congreso su amnistía. También lo cree el padre de ambos, don Isaac Humala, antiguo comunista estalinista. Además, extremistas de la bancada parlamentaria oficialista discuten el tema, un vocal supremo resaltó los “lazos familiares” de Antauro y el Ministro de Defensa le ha minimizado su culpa. Sin embargo, ¿qué significaría que este díscolo sea excarcelado?.
En primer lugar, como lo ha señalado el politólogo Carlos Meléndez, Antauro no se rebeló contra una dictadura sino contra un gobierno libremente elegido que cumplía y hacía cumplir la (actual) Constitución de 1993. La asonada no fue en defensa de la constitucionalidad sino para derrocar a un mandatario a quien los insurrectos no respetaban ni toleraban por la ideología fascista de tinte andino-xenófobo-racista (Etnonacionalismo) que profesaban. La liberación de Antauro sería una victoria para los enemigos de la democracia.
Por otro lado, Antauro es muy peligroso. Súper-ideologizado, excéntrico y temerario, en libertad no sólo volvería a “arrasar con las prostitutas” de Lima (solía jactarse de eso) sino reagruparía a sus cientos de huestes, atacaría a su hermano (ya lo hace, pero a través de su pasquín quincenario), acarrearía problemas al Gobierno nacional y causaría inestabilidad.
El Poder Judicial ya cambió los delitos de Antauro y le reduciría su pena. Incluso podría recibir libertad condicional. Que el Presidente de la República lo indulte (en campaña electoral prometió no hacerlo) o el Congreso lo amnistíe equivale a meter un chacal en una granja.
Gian Carlo Orbezo Salas


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