Pobreza en Latinoamérica: El último informe del Banco Mundial
Tuesday, 21 March 2006
El Banco Mundial (BM) acaba de publicar su octavo informe sobre pobreza en Latinoamérica. El panorama presentado allà es poco alentador: El crecimiento económico es aún insuficiente y la distribución de riquezas sigue siendo extremadamente desigual. Un análisis.
La mala situación de Latinoamérica se vuelve especialmente notoria cuando se compara con paÃses del este asiático (China es el ejemplo emblemático), pero también con España. Estos paÃses han logrado aumentar el ingreso per cápita hacia los niveles de los paÃses desarrollados y reducir la pobreza sustancialmente durante las últimas décadas.
Pobreza: Números y criterios
De acuerdo a los datos del Banco Mundial, en 1960 la pobreza en Latinoamérica llegaba casi al 60 %. Hasta 1980, la pobreza se reduce considerablemente: 50 % en 1960, 40 % en 1970 y poco más de 20 % en 1980.
Sin embargo, desde entonces la pobreza en Latinoamérica no ha disminuido, situándose actualmente alrededor del 25 %. Estas estadÃsticas consideran pobre a aquel que gana 2 dólares o menos al dÃa (pág. 2 del informe).
Según este criterio, la pobreza en el Perú está ligeramente por encima del 30 %, nivel similar al de México y Venezuela (pág. 22).
Si, en cambio, nos atenemos a la definición de pobreza que da el Instituto Nacional de EstadÃstica e Informática (INEI), el nivel de pobreza en el Perú supera el 50 %. Esto debido a que el INEI considera pobre a aquel que no puede adquirir la “canasta básica de consumo”.
Según un informe reciente del Ministero de EconomÃa y Finanzas, el costo de esta canasta oscila entre 260 soles en Lima Metropolitana y 147 soles en la selva rural. La canasta básica de consumo incluye, además de alimentos, servicios considerados elementales tales como salud, vivienda, ropa y transporte.
La pobreza extrema, en cambio, se aplica a aquellos que ni siquiera logran cubrir la “canasta alimentaria” que asegura el consumo de un mÃnimo de calorÃas diarias para no caer en desnutrición. La pobreza extrema afecta, según datos del INEI, a alrededor del 25 % de peruanos.
Vemos, pues, que existen distintas concepciones de lo que es la pobreza. Mientras el Banco Mundial solo se fija en el nivel de ingreso, el INEI peruano mide el acceso a servicios básicos y necesidades alimentarias. Sin duda, 2 dólares valen más en la selva rural que en Lima. Por otro lado, los criterios del INEI son más difÃciles de medir que los 2 dólares de ingreso diario que el Banco Mundial establece.
¿Crecer o redistribuir?
¿Cómo combatir la pobreza? La campañas electorales del momento nos presentan dos visiones: Mientras la derecha apuesta por un fuerte crecimiento económico, los partidos de izquierda y centro-izquierda enfatizan la redistribución de recursos.
Según el Banco Mundial, el enfoque correcto depende de la situación del paÃs. Naciones pobres como Honduras o Haità deben concentrarse en crecer primero, pues no tienen mucho que distribuir. Éste serÃa, según el BM, el “modelo chino”.
PaÃses que, en cambio, ya tienen cierto nivel de riquezas - Argentina, Brasil, Colombia, México - deben preocuparse por la redistribución de riqueza para disminuir las desigualdades (pág. 4). El Perú se sitúa en medio de estos dos grupos.
Crecimiento sÃ, pero con dirección
Según lo expuesto en el informe, el crecimiento económico de un paÃs no siempre sirve para reducir las desigualdades. Un tema de gran actualidad es el libre comercio. Estar conectado a los grandes mercados del exterior es visto, generalmente, como motor de crecimiento.
De hecho, el valor de las exportaciones peruanas no se habrÃa duplicado en los últimos seis años sin la creciente demanda china por materias primas y el ATPDEA (Andean Trade Promotion and Drug Eradication Act) que permitió exportar textiles y alimentos sin aranceles a los EE.UU.
Pero el libre comercio también trae consigo un aumento de competitividad: Los productos y trabajadores peruanos deberán competir con aquellos del exterior. Un paÃs como la China emplea mano de obra poco calificada con sueldos bastante más bajos que en el Perú.
Es por ello que los textiles chinos logran desplazar a sus similares peruanos. El Perú, por lo tanto, debe concentrarse en producir productos de alta calidad (algodón superior, alpaca, vicuña) con los que el mercado chino no puede competir.
Pero ello requiere mano de obra especializada, pues calidad solo se consigue con trabajadores debidamente calificados. Esto significa que los trabajadores no especializados no se beneficiarán con un tratado de libre comercio. Al contrario, pueden perder sus puestos de trabajo. Lo mismo sucede en la agricultura con aquellos productos sensibles (maÃz, azúcar, algodón de baja calidad) que el mercado de EE.UU. ofrece a un precio bastante menor.
Por otro lado, la liberalización de los mercados también puede tener efectos positivos. La necesidad de producir con mayor calidad puede motivar al empresariado a incentivar la especialización de la masa laboral. De hecho, la Asociación de Exportadores (ADEX) del Perú ha creado recientemente el Instituto Superior Tecnológico de Comercio Exterior para capacitar a nuevos exportadores.
La mala distribución
Con respecto al tema de la redistribución, el informe del Banco Mundial muestra que no todos los programas sociales sirven para reducir la desigualdad. El informe sostiene que el Perú gasta diez veces más en pensiones para jubilados que en programas de asistencia alimentaria para los más necesitados. Dado que el sistema de pensiones solamente beneficia a los trabajadores con empleo formal, este tipo de gasto social contribuye a acentuar las desigualdades en vez de reducirlas (pág. 97).
A ello se suma que los paÃses latinoamericanos recaudan pocos impuestos y, por lo tanto, tienen poco para distribuir. Mientras paÃses como Francia o Italia recaudan alrededor del 35 % de sus Productos Bruto Internos (PBI), el Perú recauda alrededor del 15 % lo cual equivale más o menos al promedio latinoamericano.
Una presión tributaria baja no es problemática siempre y cuando los ingresos per cápita sean lo suficientemente altos: Los EE.UU. solo recaudan alrededor del 17 % de su PBI, pero dado que tienen un ingreso per cápita de 42,000 dólares, las arcas fiscales de los EE.UU. tendrÃan, con la misma presión fiscal que el Perú, siete veces más dinero por ciudadano que el Perú (cuyo ingreso per cápita es de 6,000 dólares).
La pobreza obstaculiza el crecimiento
Hemos visto que el crecimiento puede, bajo determinadas circunstancias, acrecentar la desigualdad. ¿Hay también una relación inversa? ¿Puede la desigualdad frenar el crecimiento?
Un argumento bastante plausible apunta hacia las consecuencias sociales de la pobreza: El pobre se caracteriza por estar fuera del sistema económico. El resultado puede ser criminalidad, pandillaje o la simple pérdida de tiempo potencialmente valioso. Todos estos factores le restan productividad a una sociedad.
El informe del BM cita un cálculo de los economistas Humberto López y Luis Servén (pág. 116) según el cual un incremento de pobreza en 10 % reduce el crecimiento anual en 1 %. El BM, por su parte, se basa en datos estadÃsticos para mostras que el nivel de inversiones desciende progresivamente cuanto más pobres hay en un paÃs (págs. 118-119).
Según el informe, esta relación entre pobreza e inversiones tiene que ver con la calidad del mercado financiero (págs. 119-120). Los ciudadanos pobres (incluyendo al sector informal que no es necesariamente pobre) no suelen tener acceso a créditos en el sistema bancario. De esta forma, muchos proyectos de inversión que podrÃan tener éxito con un crédito inicial se echan a perder.
Otro criterio para entender la relación entre pobreza y falta de crecimiento es la educación. En un estudio realizado para El Salvador, el Banco Mundial concluye que un jefe o una jefa de familia con educación primaria obtiene ingresos superiores en 13 % al de alguien sin educación escolar. Si la educación cubre la secundaria, la diferencia es de 26 % y alguien con diploma universitario gana 38 % más que aquel sin educación (págs. 120-121).
Otros factores decisivos son el nivel de salud y el de innovación: Ya hemos visto que producir y exportar productos innovativos, de alta calidad y ventaja comparativa, requiere de mano de obra calificada, la cual obviamente no se puede encontrar entre los pobres.
Conclusiones
En sÃntesis, queda claro que un paÃs que desea crecer debe invertir en la condición de vida de sus ciudadanos: Educación, salud, nutrición y (aunque esto no lo dice el informe) reconocimiento social. En términos económicos, el informe del Banco Mundial habla de “capital humano” (pág. 165).
Latinoamérica, señala el informe, está dividida entre ciudadanos con alta educación y buen desempeño económico y aquellos con baja educación y mal desempeño económico.
Esta división no se debe al azar o a capacidades individuales, sino a estructuras sociales que se han hecho crónicas (págs. 165-166). No hace falta ser economista para saber que el que nace en la sierra rural del Perú tiene un entorno muchÃsimo más difÃcil para crecer que aquel que nace en un distrito de clase alta limeña.
El cÃrculo vicioso ya se da en la familia: Si los padres tienen un nivel de educación bajo es más probable que sean pobres y que inviertan menos en la educación de sus hijos que padres con alto nivel de educación. A ello se suma que niños y niñas malnutridos y/o enfermos obviamente ven menguadas sus capacidades de aprendizaje.
La inversión en el capital humano alberga una oportunidad única para los paÃses latinoamericanos. Mientras que las sociedades de los paÃses desarrollados tienden a envejecer contando con cada vez menos personas en edad laboral, la mayorÃa de ciudadanos latinoamerianos (y el Perú no es la excepción) están recién cumpliendo la mayorÃa de edad (pág. 196).
Aprovechar esta masa invirtiendo en su especialización, garantizando su salud y nutrición, pero también creyendo en ella y su capacidad de salir adelante es lo mejor que le puede pasar a Latinoamérica y al Perú.
Presione acá para acceder al informe del Banco Mundial (en inglés, formato PDF).



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