La maldición de los “independientes”
Friday, 19 February 2010

Una vez más los peruanos quedamos en ridículo ante el mundo y no por el resentido actor de telenovelas Roberto Moll, radicado en Venezuela y quien todo el tiempo habla públicamente muy mal del Perú, pero siempre vuelve por trabajo.
No, fue por el espectáculo patético que protagonizaron hace algunas semanas decenas de militantes partidarios haciendo cola alrededor de la sede del Jurado Nacional de Elecciones en Lima para renunciar a sus partidos políticos y postular como “independientes” en las elecciones municipales y regionales.
Lo peor, lo que habla muy mal del sistema de partidos políticos peruano no es que esos oportunistas renuncien creyendo que así aumentarán sus posibilidades electorales sino que fuesen partidos políticos tan emblemáticos de la democracia peruana como el APRA, el Partido Popular Cristiano (cabeza de la alianza Unidad Nacional) y Acción Popular quienes tuvieran el mayor número de deserciones.
Fortalecer el sistema de partidos políticos (garantía de estabilidad política, crecimiento económico y desarrollo) se complica. Institucionalmente, el sistema debería ser flexible para el ingreso de nuevos partidos políticos, pero exigente y competitivo para que permanezcan dentro. Sin embargo, culturalmente, ¿cómo fortalecer el sistema si muchos políticos siguen con el instinto caudillista y la vocación mesiánica?, ¿cómo hacerlo si la sociedad aún no entiende que sin partidos políticos sólo nos quedan los autoproclamados “independientes”?
Tuvimos en el pasado reciente bastante de esos políticos independientes, que nadie sabe de dónde vienen o a dónde van, en qué creían y en qué creen, qué sacrificaron entrando a la política y qué ganan quedándose en política, más enigmáticos que un juego de lotería y cuya lealtad es exclusivamente hacia ellos.
Quizá algunos independientes sean mejores profesionales, posean más conocimientos o experiencia en la administración pública o sean más decentes que los políticos partidarios, pero ¿qué les motivaría si carecen de doctrina o ideario y a quiénes rendirían cuentas de sus actos si no hay una dirección nacional, una comisión política, un congreso partidario ni militantes? Ellos dirán que actuarían por el interés social y sólo rendirían cuentas a Dios y a la Patria, pero como el Creador está ocupado en asuntos más urgentes y la patria somos todos y no es nadie, no sentirían remordimiento alguno rompiendo promesas o contradiciéndose, porque no hay quien les reclame nada.
Por ejemplo, ¿qué seriedad y responsabilidad en un cargo público tendría ese oscuro ingeniero llamado Javier Espinoza, que intentó tener éxito electoral como candidato presidencial en 2006 sólo por su “linda cara” (él es bien parecido) y ahora aspira postular y ganar el siguiente año apelando al inquietante lema “Peruanicemos el Perú”, muy parecido al que los alemanes oían de los nazis en 1932 y 1933: “Alemania para los alemanes”?
Acabo parafraseando un conocido refrán, en línea con el tema: “Dios, líbranos de los independientes que de los partidos políticos nos encargamos nosotros”.
Por Gian Carlo Orbezo Salas
Imagen tomada de: http://www.vmwelte.blogspot.com


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