La mala educación
Tuesday, 12 January 2010

Los daños causados a la Huaca del Dragón por un grupo de escolares han provocado una ola de indignación. La noticia corrió como reguera de pólvora. El acto de vandalismo fue filmado por los propios escolares y colgado en el portal de videos YouTube. El bloguero Roberto Bustamente se encargó de difundir el enlace a través de Twitter y, en cuestión de horas, la noticia había saltado a la televisión y prensa escrita.
De pronto, medio Perú se sentía autorizado para opinar y juzgar a los adolescentes. Los chicos se habían convertido en el perfecto chivo expiatorio para descargar el cúmulo de frustraciones y descontentos con nuestra sociedad civil.
Las autoridades políticas coincidieron en pedir una “sanción ejemplar” a los alumnos que visitaban el centro arqueológico de Chan Chan durante su viaje de promoción. Idel Vexler, Viceministro de Educación, anunció que los certificados de estudios de los adolescentes serían retenidos “hasta nuevo aviso” (fuente: CPN Radio). Alan García fue más lejos al exigir “la mayor sanción posible” para los adolescentes y, además, castigos para los padres y maestros de la escuela (fuente: YouTube).
Los comentarios en los foros de Internet son más alarmantes aún. Un lector de El Comercio que se identifica como Carlos pide “por lo menos cárcel”. “Que no los dejen postular a ninguna universidad ni instituto a esos desgraciados”, escribe Liz. César añora los viejos tiempos cuando “una tanda bien aleccionadora” habría, según él, resuelto el problema (fuente: El Comercio). El ánimo de linchamiento es contrarrestado por algunos escasos comentarios que piden mayor prudencia a la hora de juzgar a los escolares.
Los directivos del colegio Mariscal Toribio de Luzuriaga, en el distrito limeño de Los Olivos, cometieron el grave error de divulgar los nombres de sus escolares implicados, dejándolos totalmente desprotegidos del acoso de la prensa y de la opinión pública. Ninguna disculpa, ningún acto de arrepentimiento podrá eliminar el estigma con el cual estos jóvenes tendrán que vivir el resto de sus vidas.
No se trata de minimizar los hechos. Los daños causados por estos alumnos constituyen un acto de vandalismo especialmente grave al tratarse de un monumento histórico. Por ello merecen, sin duda, una sanción adecuada.
Lo que indigna aún más, sin embargo, son las libertades que nos hemos tomado para abalanzarnos sobre estos menores de edad como si fueran origen y razón de nuestra falta de civismo y sentido moral.
Basta con mirar las cifras sobre violencia doméstica, desprotección de menores, embarazos adolescentes o conductores imprudentes para darnos cuenta de que nuestros peores males no radican en las estupideces cometidas por un grupo de adolescentes durante su viaje de promoción.
Imagen tomada de: http://www.cpnradio.pe/html/2010/01/11/2/5054.htm
Enlace de interés: ¡Cha Cha Chan Chan!, por Marco Sifuentes en Perú21


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