“¿Qué caro?”

En una oportunidad paseaba con dos amigos por una avenida. Uno de ellos se llamaba Walter y era un joven sencillo y trabajador. Caminando y platicando pasamos por un local de cabinas públicas de Internet. Una linda señorita nos invitó a pasar ofreciéndonos un “(nuevo) sol la hora”. Walter sorprendió a todos cuando exclamó: “¡está caro!”

Quizá esa tarifa no le parezca cara, pero para Walter sí lo era. Simplemente, porque sus ingresos eran ajustados y tenía muchos gastos al mes. Sin embargo, Walter fue libre de elegir si iba o no a pagarla.

Por desgracia, muchos mortales no son concientes de esa libertad, les irrita la ganancia ajena y exigen “precios justos”. Esa creencia económica medieval y puritana es coincidente con el nocivo populismo latinoamericano.

Si América Latina es populista, el Perú es más populista. Por ejemplo, la prensa es tremendamente exagerada para anunciar alzas de precios, pero muy silenciosa para informar las bajas: en 2008 muy pocos periodistas explicaban a la población que las alzas de muchos precios en el mercado se debieron entonces al alza de precios internacionales de ciertos productos (por desequilibrios entre oferta y demanda, por mayor emisión de moneda en el mundo, etc.) y a la excesiva emisión monetaria del Banco Central de Reserva en los últimos años (para estabilizar el tipo de cambio en dólares).

En realidad, la prensa siempre ha actuado así. Recuerdo haber leído un titular del diario Expreso de 1981 donde se felicitaba públicamente al gobierno de Acción Popular por ajustar los controles de precios para acabar con la “tiranía de los vendedores”.

El empresariado hizo su parte: en 1898, 1904, 1906 y 1919 la Cámara de Comercio de Lima impulsó ante las autoridades políticas disposiciones normativas para instalar un Comité Pro-Abaratamiento de las Subsistencias. El populacho estaba feliz con la posibilidad de obligar a los vendedores de alimentos a venderlos al precio que éste quisiera, mientras ignoraba que los grandes comerciantes torcían el brazo del Estado para impedir las importaciones de alimentos y evitar la competencia que hubiera abaratado las subsistencias, pero menguado sus ganancias.

Los gobiernos, ¿cuándo no?: en 1913 el presidente “popular” Guillermo Billinghust engañó astutamente a medio país haciéndole creer que “bajó los precios” cuando en realidad se valió de una recesión, que siempre produce disminución de precios.

De otro lado, en 1974 el Ministerio de Agricultura y Alimentación (“y Alimentación” fue idea del general Juan Velasco Alvarado) lanzó la campaña “De la chacra a la olla”, que pretendía llevar alimentos del productor al consumidor evitando la cadena de comercialización. El propósito era culpar a los vendedores por el alza de precios y no a la inflación.

¿Qué produjo este frenesí populista? Empresas que generaban poca riqueza, desempleo y subempleo, productos de mala calidad y mayor pobreza.

La próxima vez que reclame por “precios justos” piense en que si Walter hubiera tenido mayores ingresos o menores gastos, la tarifa de esas cabinas le hubiera parecido barata.

Por Gian Carlo Orbezo Salas, columnista invitado

5 thoughts on ““¿Qué caro?”

  1. mi opinion es que esto no es mas que un racionamiento infantil,
    como ejemplo maximo de populismo el mismo alan garcia, o ya se olvidaron de “los mercados del pueblo” y su leche “enci”?

  2. yo creo que el razonamiento es bueno, ya que si un trabajador gana más puede permitirse más cosas, de tal manera que la economía nacional irá en aumento, generando ganancias y dando más empleo
    Es lo que sucede en los paises avanzados donde los sueldos son altos las cosas son tambien más caras y el nivel de vida es más alto, hay menos desempleo y pobreza, con ello hay también mejores servicios para el pueblo ya que pagan más impuestos y junto con ello menos criminalidad.

  3. estimado Coco
    el problema radica precisamente en ello, nadie quiere pagar MAS.
    Los paises industrializados, donde el costo de mano de obra es caro, procuran migrar aquellas actividades que hagan uso intensivo de personal a paises donde este sea barato (china te dice algo?). Ante el desempleo y crisis originados, el estado ha tenido que intervenir directamente para proteger el “alto nivel de vida” y los pacíficos desempleados no se le vayan “encima”. El sistema de seguridad y asistencia social también constituye un paliativo importante que “lamentablemente” no se rige por la ley del “Laissez-faire”. Y es que, alguien podría explicar los “bailouts” desde una óptica 100% liberalista?

  4. Es cierto que un ajuste de “precios justos” más que mera intención de justicia es una invención populista que a lo contrario de lo que se piensa solo genera disminución de la producción y menor demanda de empleo. Pero solo hasta ese punto estoy a favor tuyo.
    Es demasiado sencillo el análisis implícito que a mayores precios mayor ganancia del productor, entonces demanda mayor mano de obra y ganan más de sueldo las personas y sigue el cículo… si fuera así no existiría país subdesarrollado porque encontramos el método en que ganamos todos. La realidad es más complejo que esto. El problema de un precio “alto” para algunos es que esa persona no logrará progresar porque no tiene los recursos suficientes para hacerlo. Porque la universidad es cara, porque si desea pagarlo tendría que disminuir sus horas de trabajo y con ello también disminuye el dinero en su bolsillo y entonces ya no le queda dinero para pagar sus estudios.
    Entonces el problema no es el precio sino LA EXCLUSION. Preguntale a un chico pobre de Ventanilla si tiene la libertad de elegir entre pagar y no pagar estudios decentes. porque la universidad más que pública dejó de serlo cuando comenzó a cobrar.
    El estado tiene la obligación de generar medios por los cuales las personas de menores recursos tengan la posiblidad de progresar, y volviendo al tema de los precios, contradiciendo lo que escribí al principio, estoy de acuerdo con tales PRECIOS JUSTOS, pero que se hagan de tal manera que no afecte la producción. La forma mas conocida es por medio de los subsidios a los productores (parecido a los subsidios que tiene los que ofrecen el servicio de transporte) con ello se reduciría los precios y los productores no se verían afectados. Pero, ¿de dónde vendría el dinero para poder costear los subsidios?, mediante la creación de impuestos progresivos, es decir impuestos que sean proporcionales a las ganancia de las personas, así el tipo más rico tendría que pagar más que el chico de Ventanilla porque este último tiene menores recursos para hacerlo.
    Sobre la educación, salud, etc. toda clase de servicios públicos, el Estado debe garantizar su gratuidad para que no exista exclusión.

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